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Carlos Moreira
Carlos Moreira
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26 Septiembre 2015 04:05:28
26 de septiembre
La masacre de estudiantes de la Normal de Ayotzinapa ocurrida hace un año en el convulso estado de Guerrero será uno de los aspectos más tristes que se habrán de recordar del actual sexenio federal.

Un hecho muy lamentable, irracional, indignante. Un hecho lleno del salvajismo del México más violento, donde la agresión al semejante no tiene límite, donde la tortura indica que el morir no es el peor de los destinos.

Ayotzinapa-Iguala representa la insensibilidad de los criminales, pero también de los políticos mexicanos de todos los colores. Por un lado está el delincuente que asesina sin piedad, por el otro, el político que no duda en aprovecharse de la tragedia para beneficiarse en las encuestas o para perjudicar a los adversarios electorales.

Guerrero son gritos y sobre todo silencio, son verdades pero ante todo mentiras. Es un México sin valores, un país que carece del temor a Dios.

Iguala es el resultado de autoridades locales (en este caso perredistas, pero del partido que sea) manejadas por el narco o de narcos convertidos en autoridades. No hay límites. Se sienten dueños de la vida y la muerte.

La masacre es una página más en una brutal y fallida guerra iniciada por Felipe Calderón, no con el objetivo de enfrentar al crimen organizado sino en la idea de legitimarse como presidente de México. Valga recordar que al conseguir un muy ajustado triunfo con una diferencia de 0.56% sobre López Obrador, Calderón Hinojosa enfrentó a la demanda del voto por voto con una seudoestrategia militar. Sin lugar a dudas, se tenía que hacer algo para detener a los narcotraficantes, pero se requería inteligencia y seriedad y no la actitud de un Calderón disfrazado de soldado dando golpes de ciego.

Iguala se entremezcló en el tiempo con Tlatlaya y se fue alimentando del desgaste de la imagen de nuestro Ejército Mexicano, ejército que fue sacado de las zonas militares para patrullar las calles sin la preparación suficiente para dicha tarea. Hoy desgraciadamente sigue disminuyendo la credibilidad de nuestros militares. Unos dicen que no hicieron nada para impedir la masacre, otros que fueron cómplices de la tragedia. Poco interesa la verdad, lo que importa es ensuciar. Lo cierto es que se lesiona una institución integrada por hombres y mujeres valientes, muchos de ellos con acciones teñidas de heroísmo

La tragedia de los estudiantes de la Escuela Normal Oficial Rural Raúl Isidro Burgos, ubicada en el poblado de Ayotzinapa, fue el silencio de los primeros días. Y también el silencio previo. La ausencia de palabras para que caminaran las reformas. El silencio que surgió de la firma del Pacto. El silencio para no hablar desde el primer día del actual Gobierno, de los miles de huesos enterrados a lo largo de todo el territorio nacional en los seis años de Calderón, de los miles de desaparecidos, de los huérfanos y las viudas. El silencio para no hablar de los perredistas que gobernaban en Iguala y en la mayoría de los ayuntamientos del estado de Guerrero, de los alcaldes, diputados, senadores y del gobernador perredista. El silencio del Pacto.

Ayotzinapa son 43 estudiantes desa-parecidos y con ellos muchísimos mexicanos más cuyo paradero desconocen sus seres queridos.

Son miles de muertes, de asesinatos violentos que convierten a México en un país donde en la última década la mayoría de las familias ha estado de luto.

¿Quién en nuestra nación no ha llorado en los últimos dos lustros por un familiar o un amigo ejecutado, por un daño colateral, por una bala perdida, por un “accidente”, por una venganza, por la ausencia del padre, el hijo, el sobrino, el hermano?

México es un país en violencia e insensibilidad. Un país de balas, sangre y sobre todo pobreza. Un país de grandes desigualdades. Un país sin oportunidades para los más pobres. Ayotzinapa es el modelo de Normal Rural que pasó del reconocimiento social al abandono y al desprecio. Un modelo que ante la aparición de los primeros guerrilleros en los años 60 se fue dejando a la deriva, sin opciones de transformación, sin recursos. Un modelo que se consolidó como caldo de cultivo para la insurgencia

Ayotzinapa-Iguala es el México del siglo 21 disfrazado del siglo 19, es el México de las reformas pero también el México de la barbarie; es la sociedad de los avances tecnológicos convertida en la sociedad de la desinformación.

Ayotzinapa son las verdades que nadie cree, las mentiras que todo mundo repite. La justicia que no llega, la violencia que nadie detiene.

.(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo) / @cmoreira38_5
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