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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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07 Abril 2017 04:05:00
A 104 años del Plan de Guadalupe
Fue en la Hacienda de Guadalupe donde el 26 de marzo de 1913 se signó el ahora desestimado Plan de Guadalupe. Lo redactó don Venustiano, en un documento sencillo cuyo objetivo era la lucha revolucionaria, lo que poco les gustó a los jefes y oficiales que lo acompañaban, ya que ellos querían que en el Plan constaran sus sueños, los de su generación, es decir, darle al pueblo no sólo una razón legal de la guerra, sino una bandera social.

“¿Dónde están los puntos concretos acerca del problema de la tierra, de los obreros y de la educación?”, reclamó Múgica a Carranza, es decir, el contenido social, y no sólo el vengar la muerte de Madero o el orden constitucional, a lo que Carranza contestó que era más importante en ese momento conseguir el derrocamiento de Huerta, ya que una revolución social tardaría de 5 a 6 años, Múgica respondió: “¡Hay aquí, señor, suficiente valor y juventud para dilapidarla, no sólo 5 años, sino 10, si es preciso, hasta llegar al triunfo!”.

Al final prevaleció la opinión de Carranza, pero a cambio de su compromiso de que se harían las reformas sociales. Sólo así lo aceptaron. Fue ahí cuando se adquirió el compromiso de una nueva Constitución y a partir de ese momento todos los firmantes se convirtieron en vigilantes de la causa social de la Revolución.

¿Ya se ve la importancia del Plan de Guadalupe y del grupo de revolucionarios que lo suscribieron? Tanta, que fue gracias a él que se le dio sentido a la lucha y se asoció a Carranza con la revolución social.

Hay un discurso del general Carranza, del 24 de septiembre de 1913, que habla de los alcances y la trascendencia del Plan, bastante aplicable en estas precisas fechas:

“Ya es tiempo de no hacer falsas promesas al pueblo y de que haya en la historia siquiera un hombre que no engañe y que no ofrezca maravillas, haciéndole la doble ofensa al pueblo mexicano de juzgar que necesita promesas halagüeñas para aprestarse a la lucha armada en defensa de sus derechos. Por esto, señores, el Plan de Guadalupe no encierra ninguna utopía, ninguna cosa irrealizable, ni promesas bastardas hechas con intención de no cumplirlas.

El Plan de Guadalupe es un llamado patriótico a todas las clases sociales sin ofertas y sin demandas al mejor postor. Pero sepa el pueblo de México que, terminada la lucha armada a que convoca el Plan de Guadalupe, tendrá que principiar formidable y majestuosa la lucha de clases, queramos o no queramos nosotros mismos y opónganse las fuerzas que se opongan, las nuevas ideas sociales tendrán que imponerse en nuestras masa: y no es sólo repartir las tierras y las riquezas nacionales, no es el sufragio efectivo, no es abrir más escuelas, no es igualar y repartir las riquezas nacionales; es algo más grande y más sagrado; es establecer la justicia, es buscar la igualdad, es la desaparición de los poderosos, para establecer el equilibrio de la conciencia nacional. Tendremos que removerlo todo. Crear una nueva Constitución cuya acción benéfica sobre las masas nada ni nadie pueda evitar”.

Sí, estaba hablando ya de la Constitución de 1917, esa misma Constitución hasta hoy odiada por los neoliberales, que sigue siendo estorbo a los que quieren entregar por completo las empresas y recursos de nuestra nación. ¿No será por eso el “olvido” de algunos?
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