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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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31 Marzo 2017 04:00:00
A 104 años del Plan de Guadalupe. Parte 1
Para infortunio del general Venustiano Carranza, el pasado 26 de marzo dejó de conmemorarse de manera especial el 104 Aniversario de la Firma del Plan de Guadalupe. El Gobierno de nuestro estado decidió cancelar la tradicional ceremonia que hasta años atrás se venía celebrando en la Hacienda de Guadalupe, de la vecina ciudad de Ramos Arizpe, para limitarse a realizar una pequeña y modesta ceremonia en la comodidad del patio del Palacio de Gobierno, a la cual sólo se apersonaron algunos funcionarios de primer nivel y los políticos más allegados al Ejecutivo del estado, incluyendo al secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete Prida, quien asistió en representación del Gobierno federal. Ante tal desestimo, me es necesario utilizar este espacio y el de la próxima semana para hacer un pequeño homenaje a este magnífico evento histórico.

El Plan de Guadalupe fue firmado en la Hacienda de Guadalupe, Ramos Arizpe, Coahuila, el 26 de marzo de 1913, por Venustiano Carranza, en repudio al Gobierno golpista de Victoriano Huerta, a quienes los firmantes consideraban traidor contra Francisco I. Madero. Fue este plan, sin duda, el detonante de una lucha social de resultados trascendentes, porque a la vez que encausó la Revolución Mexicana y la dotó de sentido, dio lugar al nacimiento de una corriente política, liberal-progresista, que tuvo en sus manos la oportunidad de reformar la Constitución de 1857.

El general Carranza, al enterarse del triunfo del cuartelazo de la Decena Trágica y del asesinato de Francisco I. Madero, que trajo como consecuencia el ascenso de Victoriano Huerta a la Presidencia, no dudó en organizar un movimiento de resistencia social, al cual luego se le llamó “movimiento constitucionalista”, gracias a que este proclamaba la restauración del orden constitucional.

Antes del Plan de Guadalupe, Carranza ya había emitido dos manifiestos al pueblo mexicano, uno de ellos el día 2 de marzo y otro el 4 del mismo mes, llamando a todo el país a sublevarse contra Huerta. En ese momento Carranza sólo podía contar con 200 hombres aproximadamente, por lo que los primeros días fueron un rotundo fracaso, lo que le obligó a refugiarse en la Hacienda de Guadalupe, hasta recuperar fuerzas.

Fue precisamente ahí donde se redactó y aprobó, el 26 de marzo de 1913, el Plan de Guadalupe, el cual de inicio era un documento muy sencillo; lo redactó don Venustiano con ayuda Alfredo Breceda, en el cual trataba de expresar la finalidad de la lucha revolucionaria. Carranza le pidió a Breceda que lo presentara a los jefes y oficiales Jacinto B. Treviño, Lucio Blanco, Francisco J. Mújica, Cesáreo Castro y otro más que en ese momento lo acompañaban, para que lo firmaran, lo que, de entrada, provocó una acalorada discusión simplemente porque no les gustó.

Carranza no quería ser el jefe del movimiento, no por miedo, sino porque no se creía con la personalidad para serlo; por lo que invitó a varios gobernadores a unirse contra el usurpador y se acercó a varios personajes reconocidos para invitarlos a asumir la dirección de las tropas rebeldes.

Cabe mencionar que la firma del Plan de Guadalupe, desde su maquinación, no se reduciría a un mero golpe de Estado, sino que adquiriría las dimensiones de una auténtica revolución. De hecho, gracias a este convenio se dieron los primeros repartos agrarios, las primeras leyes del trabajo, las primeras leyes del petróleo, la cláusula social del Pacto de Torreón entre Carranza y Pancho Villa, incluso las iniciativas avanzadas de la Convención de Aguascalientes. Continuará.
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