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Carlos Oswaldo Orta
Carlos Oswaldo Orta
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14 Febrero 2017 01:00:00
¿A dónde va el beisbol mexicano? 1/2
En septiembre del año pasado, al salir del estadio Monterrey, fui testigo del evento que a la postre desencadenaría una de las situaciones más tensas (y desagradables) que ha vivido la Liga Mexicana de Beisbol en sus más de 70 años de vida.

José “Pepe” Maiz, el histórico dueño de los Sultanes, estallaba en una entrevista y tenía que ser retirado a la fuerza, luego de que su equipo fuera derrotado en un juego 7 por los Toros de Tijuana.

El trasfondo parecía ser el tema de los jugadores mexicoamericanos, mexicanos con todos sus derechos constitucionales por cierto, pero el enojo de Maiz iba más allá.

Uno de los líderes de la vieja guardia del beisbol mexicano se mostró fúrico ante los cuestionamientos sobre la falta de campeonatos y terminó criticando a equipos como los Tigres de Quintana Roo, aún propiedad de la familia Peralta, uno de sus antiguos aliados.

Pepe Maiz hizo clara alusión al apoyo millonario que los Tigres recibieron del Gobierno de Quintana Roo por años y aprovechó el momento para reclamar la falta de dinero del Gobierno de Nuevo León.

Así hizo público algo que por años fue un secreto a voces en el circuito: los equipos de liga veraniega no son autosuficientes.

Desde ese momento comenzó una debacle que dividió a los equipos en aquellos que pretenden seguir con la vieja guardia y aquellos que han apostado por invertir en la modernidad.

Al contrario del futbol, el beisbol depende de apoyos externos, de inversión a “fondo perdido”, si se pretende competir.

“Un estadio lleno no alcanza ni para pagar la factura de luz que se genera por un solo juego nocturno”, aseguraba un exdirectivo de los Saraperos de Saltillo, y no está tan alejado a la realidad.

Con la salida de los Tigres de la Liga quedó claro que sin el apoyo del Gobierno de Roberto Borge, es imposible mantener una franquicia, al menos no sin aceptar pérdidas cuantiosas.

Se dice que el exgobernador, ahora señalado por irregularidades y corrupción en su mandato, cubría el pago de electricidad, de agua, mantenimiento al estadio y hasta la nómina del equipo.

Tal vez esto suene algo familiar en Saltillo, donde fue necesario el dinero del Gobierno del Estado para por fin completar un campeonato que por años rehuyó a pesar de las fuertes inversiones de la familia Ley. La situación se repite en muchas otras plazas, a menor o mayor grado.

Así como Carlos Peralta dejó claro que el beisbol no es negocio, Alonso Ancira dueño de los Acereros de Monclova por más de 25 años, hizo patente que el equipo era sólo una carga para AHMSA, al declarar que se perdieron más de 50 millones de dólares en su gestión.

EN TRES Y DOS

Un estadio lleno no genera ganancia para un equipo y muestra de ello es que equipos como Sultanes, Saraperos y Acereros, que están en el top cinco de asistencia desde hace más de cinco años, han tenido movimientos importantes con el afán de mantener vivos sus proyectos.

Mientras Sultanes cambió su plan para atraer aficionados, la mayoría regalando boletos, con la intención de que los patrocinios volvieran a sus arcas, otros como Monclova optaron por vender el equipo.

La llegada de Gerardo Benavides representa una esperanza, pues se trata de uno de los pocos empresarios que apuesta al beisbol, muestra de ello es su inversión en la Liga del Norte, con los Rieleros de Frontera, que han conseguido múltiples campeo-natos y en año pasado con los Pericos de Puebla, un equipo que también dependía del Gobierno del Estado y que estuvo a punto de desaparecer, y ahora presume un título.

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