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Carlos Oswaldo Orta
Carlos Oswaldo Orta
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15 Febrero 2017 03:00:00
¿A dónde va el beisbol mexicano? 2/2
En Monclova se respiran aires parecidos a los que alguna vez disfrutó Saltillo con la llegada de la familia Ley a finales de los 90, con un empresario reconocido por su amor al béisbol y el interés por armar franquicias ganadoras.

Al igual que el arribo de Gerardo Benavides Pape a la liga, la llegada de Ley López, causó molestia entre esa “vieja guardia” siempre fue evidente la rivalidad que se dio con Monterrey y su jefe Pepe Maiz.

Aunque Benavides aún no cuenta con las cartas que el “Chino” Ley ostentaba a su llegada a Saraperos, un campeonato en dos temporadas como dueño, no es nada despreciable.

El monclovense trató de hacerse de los Saraperos en una compra que estaba casi concretada hace tres años, pero finalmente situaciones “irregulares” lo obligaron a voltear a Puebla.

No es un secreto que su intención era llegar a Monclova.

Con nuevo autobús, mejoras en la calidad del terreno y hasta una pantalla gigante (¿suena familiar, Saltillo?), el dueño del Grupo Industrial Monclova, busca dar a sus coterráneos el ansiado campeonato que ha huido durante las últimas dos temporadas.

Su reto, más allá de tener contenta a una afición que está acostumbrada a apoyar a su equipo en buenas y malas, es dar a los jugadores incentivos necesarios para jugar los playoffs de la misma manera que lo hacen en temporada regular.

Fue innegable que el nivel de la mayoría del roster Acerero cayó dramáticamente en la postemporada anterior, época del año donde el pelotero busca el “algo” extra de la directiva, algo que seguramente nunca llegó.

Junto a él, los hermanos Arellano Hernández (dueños de los Leones de Yucatán desde 2013 y Vaqueros de Laguna desde 2016), así como Alberto Uribe, propietario de los Toros de Tijuana, representan una nueva ola de empresarios que apuestan por este deporte.

Por supuesto que la intención de fomentar el béisbol y mejorar el espectáculo no es nada despreciable, sobre todo cuando cada vez más franquicias tradicionales desaparecen ante el desinterés de invertir.

Pero con la llegada de estos nuevos empresarios, también se revive uno de los fenómenos que más problemas causó en el pasado, la multipropiedad.

El problema que representaba que los Diablos Rojos del México se surtieran a antojo de jugadores de los Guerreros de Oaxaca, propiedad también de Alfredo Harp Helú, ahora se ha extendido a cuatro franquicias más.

Benavides Pape es propietario de Pericos y Acereros, mientras que Yucatán y Laguna son pagados por la misma empresa, algo que podría causar conflicto de intereses.

Pero si no son estos pocos “valientes” quienes invierten en el béisbol nacional ¿quién lo hará?.

En tres y dos

En Saltillo parece haber un poco de movimiento previo al inicio de la pretemporada, con la llegada de algunos jugadores probados en Grandes Ligas, aunque ya en un nivel inferior al de hace algunos años, pero que por lo menos garantizan la intención de volver a primeros planos.

El tener una cara conocida en el timón, con Orlando Sánchez, podría garantizar que la disciplina dentro del terreno se mantenga.

Solo queda esperar que sea desde la oficina de donde se dé el apoyo necesario para regresar al antiguo protagonismo al que estaba acostumbrada la capital de Coahuila
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