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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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17 Diciembre 2017 04:09:00
A ponerse serios
Pelele, pirruris, señoritingo, desquiciado, pollo que llegó desplumado, autor de disparates, cara pálida necesitada de sol… Eso y más sólo para empezar. De seguro aún faltan muchos calificativos y cientos de frases presuntamente injuriosas por escuchar y leer, siempre y cuando el ciudadano tenga el humor y la paciencia de ponerse a oír o leer los ataques que se lanzan y se lanzarán los miembros de la clase política nacional, en estos rounds de calentamiento de las precampañas y durante las campañas rumbo a las elecciones presidenciales del año próximo. Tales disparos de ingenio, verdaderos monumentos a la creatividad político-literaria, parten de todos los frentes apuntando hacia todos los frentes. Ninguno de los aspirantes a suceder al presidente Peña Nieto está a salvo de los dicterios y de las frases burlescas.

¿Y la intransigente posición de Donald Trump en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio, la que pone en riesgo –entre otras cosas– la buena marcha de la industria automotriz del país? ¿Y los alcances del proyecto de la controvertida Ley de Seguridad Interior? ¿Y la amenaza de concretarse deportaciones masivas de Estados Unidos a nuestro país? ¿Y la histórica pobreza de millones de compatriotas? ¿Y la corrupción? ¿Y la inflación que insiste en empujar hacia arriba? ¿Y el bailoteo de nuestro peso? ¿Y las desapariciones forzosas? ¿Y los feminicidios? ¿Y las fosas clandestinas? ¿Y… y… y…?

Fruslerías, pensarán los autores de tales ocurrencias. ¿A quién le pueden importar los temas aburridos? De eso que se ocupen los opinadores, siempre tan amargos y tan proclives a ver la realidad a través de cristales oscurecidos por el pesimismo. Hagamos a un lado esas cuestiones. Utilicemos el cerebro en imaginar nuevos adjetivos para resaltar los defectos (ciertos o inventados) de los rivales de nuestro candidato. Eso resulta más divertido y esperemos reditúe buenos dividendos a la hora de la votación.

Lo que es peor: ni siquiera es una idea original de la joven camada de políticos mexicanos. Hay antecedentes. Vicente Fox, a quien México tuvo la mala fortuna de soportar como presidente 6 años, acostumbraba llamar “La vestida” al candidato del PRI, Francisco Labastida Ochoa, y en 2006 López Obrador vociferó a Fox un “¡Cállate, chachalaca!”. Con tales referencias no hay mucho espacio para dar paso a la esperanza de que finalmente se eleve el nivel de los discursos, y de las injurias se pase a las propuestas.

A nadie se esconde que el México de hoy vive un momento crítico. Hay acechanzas del exterior, pero también, no menos graves, del interior. A meses de una elección presidencial, en las que están en disputa gobiernos de varios estados y decenas de presidencias municipales, es obligación de los políticos y de los partidos hacer planteamientos serios y ofrecer proyectos viables. Es mucho lo que se jugará en 2018 en unos comicios que se anuncian desde ahora competidos. Se jugará, sin exagerar, el futuro del país.

Resultará fatal que frente a las urnas, los ciudadanos deban elegir entre un pirruris y un irresponsable, o entre un cara pálida y un pollo desplumado. Es hora de olvidarse de la adjudicación de motes a los contrincantes en un juego que recuerda los chacoteos de muchachos preparatorianos.

Por favor, señores aspirantes y dirigentes de los partidos, ya es hora de ponerse serios. Estamos hablando de México. Ni más ni menos.
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