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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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03 Diciembre 2017 04:07:00
A prueba
Unidad se constituyó en el sustantivo eje de la nueva administración estatal encabezada por el ingeniero Miguel Ángel Riquelme Solís. En su discurso, el Jefe del Ejecutivo coahuilense hizo referencia a ello. “Gobernaré para todos”, afirmó en el Congreso estatal, y al hacer el esbozo de las líneas generales de lo que será su gobierno, en la ceremonia posterior celebrada en un salón al norte de la ciudad. También, en el mismo tenor, instó a dejar en el pasado los avatares de la campaña preelectoral.

Estos reiterados llamamientos a la unidad resultan pertinentes después de unas campañas especialmente ríspidas, el resultado muy cerrado de los comicios y una larga y desgastante espera de la decisión de las autoridades competentes. En efecto, tirios y troyanos están de acuerdo con que cualquier intento de mantener viva la división de los coahuilenses no beneficiará a nadie y sí perjudicará –y gravemente– a la entidad.

Ante las circunstancias inéditas a las que hace frente el nuevo Gobierno, sin mayoría de su partido en el próximo Congreso y varios municipios demográfica y económicamente importantes con alcaldes salidos de las filas de la oposición, entre ellos Torreón y Monclova, la madurez política y cívica de la clase política, en particular, y de los coahuilenses, en general, está sometida a prueba desde el viernes anterior.

Intentaré explicarme: por primera vez en los últimos 88 años habrá de probarse nuestra capacidad de navegar hacia buen puerto en ese barco llamado pluralidad. Debido a ello, la negociación deberá imperar a fin de armonizar los puntos de vista de todas las fuerzas políticas y los poderes fácticos actuantes. Sin los consensos indispensables será punto menos que imposible alcanzar las metas que el estado requiere.

De allí que suenen discordantes las declaraciones de uno de los excandidatos al Gobierno de Coahuila, Guillermo Anaya, quien anunció una oposición “férrea” al Gobierno del ingeniero Riquelme Solís. El uso del adjetivo “férrea” resulta desafortunado. El adjetivo remite a su raíz: fierro o hierro, y sus connotaciones de impenetrable, sin fisuras. Vaya, una oposición sistemática de no porque no.

De nada servirá a Coahuila una oposición férrea, cuando lo que requerirá los próximos años será una oposición firme y vigilante, sí, pero a la vez inteligente, constructiva y responsable, capaz de colocar el bien común por encima de las respetables lealtades hacia determinado partido o determinada posición ideológica. Esas son las características, en cualquier parte del mundo, de las oposiciones dedicadas a construir, no a destruir movidas por fobias o resentimientos.

La política, según los clásicos, desde Aristóteles hasta nuestros días, “es la actividad orientada en forma ideológica a la toma de decisiones de un grupo para alcanzar ciertos objetivos”. Otros la definen como “una manera de ejercer el poder con la intención de resolver o minimizar el choque entre intereses encontrados que lógicamente existen en el seno de cualquier sociedad”.

Y no debe olvidarse que no sólo el Ejecutivo es un poder. Lo son también el Legislativo, el Judicial y las presidencias municipales en sus ámbitos particulares. Todos, en conjunto, forman eso que conocemos como gobierno. Se trata, pues, de una responsabilidad compartida.

Hoy, cuando esa corresponsabilidad está marcada por la pluralidad sabremos de qué están hechos nuestros políticos… y nosotros, los ciudadanos. Llegó la hora de demostrar qué tan modernos somos en realidad.
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