×
Ricardo Raphael
Ricardo Raphael
ver +
Licenciado en Derecho por la UNAM. Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración (ENA) de la República Francesa. Estudios Doctorales en Economía Política y Políticas Comparadas por la Escuela para Graduados de Claremont, California, EU. Secretario General de Democracia Social, Partido Político Nacional. Representante ante el Consejo General del IFE del partido México Posible. Coordinador de la Comisión Ciudadana de Estudios para Eliminar y Prevenir la Discriminación. Actualmente es profesor afiliado a la División de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Conductor del Espiral, programa de análisis político dominical del Canal 11. Analista Político cotidiano del Noticiero Enfoque de Núcleo Radio Mil. Analista semanal del noticiero nocturno de Proyecto 40. Co-conductor del programa Claves, también de Proyecto 40. Integrante de la mesa editorial de la Revista Nexos. Miembro del Consejo Consultivo de Conapo. Cuenta con diversas publicaciones en temas relativos a: La transición democrática. La función pública. El sistema de partidos. Los derechos. La ciudadanía.

" Comentar Imprimir
16 Enero 2017 03:50:00
¿A quién jode realmente el gasolinazo?
Minimizar el impacto en el alza de los precios de la gasolina se volvió deporte de alta esfera mexicana. Insisten los gobernantes en que la reducción del subsidio sólo afecta a los ricos porque son quienes más coches tienen.

En términos absolutos están en lo cierto: bajo el esquema anterior buena parte del subsidio iba a dar a los bolsillos de los más aventajados. Sin embargo, es mentira que no golpee a las personas con menos ingresos.

En México, el 10% más pobre no tiene coche y es que para esa población es imposible pagar el costo actual del combustible. Un trabajador que habite en el primer piso del edificio mexicano necesitaría invertir 80 horas de trabajo al mes para cargar un solo tanque con 40 litros de gasolina. Esto implica la mitad de su tiempo dedicado mensualmente a trabajar.

Quienes viven en el siguiente piso tendrían que asignar 52 horas para llenar el mismo depósito, es decir el 32% del tiempo laborado por mes. Los que viven en el tercer piso 33 horas (20%), los del piso cuatro 28 (17.5%) y los del 5 piso –justo a la mitad de la escalera– 22 horas al mes (13.65%).

Tanto trabajo para llenar sólo un tanque al mes es una buena razón para estar enojado. Pero a esta molestia se suma además la incertidumbre. Suponiendo que el costo de la gasolina en México subiera a 20 pesos, entonces todos tendríamos que trabajar más. Los del primer piso 94 horas al mes por un tanque de 40 litros, los del segundo 64 horas, los del tercero 39, los del cuarto 32 y los del quinto piso 25.6 horas mensuales.

Es cierto que no todas las familias tienen coche, pero eso no implica que se abstienen de contribuir al pago de la gasolina porque es un componente clave en el precio de casi cualquier objeto de consumo. Además, a partir del piso tres las familias tienen, casi todas, al menos un coche. A ellas les está pegando duro porque sus carros suelen ser viejos y gastan más energía.

Nos dicen por otro lado que México únicamente está ajustando el precio de la gasolina para que se nivele con respecto al resto del mundo. Hay países como Alemania que, en efecto, pagan mucho más. Ahí el litro cuesta en promedio 31 pesos y para llenar un tanque de 40 litros se requieren mil 240 pesos. España también tiene una gasolina cara; en este otro país satisfacer el mismo depósito cuesta mil 132 pesos. Irlanda y Francia se encuentran en rangos parecidos y Japón un poco abajo: 920 pesos por un tanque de 40 litros.

En el otro extremo están Estados Unidos ($592), Rusia ($548), Panamá ($624), Guatemala ($488) y Bolivia ($452). A valor actual en México cuesta 680 pesos llenar un tanque de 40 litros.

El problema surge cuando se compara el precio del litro en cada país contra el salario pagado por hora laborada. En Estados Unidos, por ejemplo, mientras el salario promedio por hora es de $656, el litro de gasolina cuesta $14.8. Esto quiere decir que el trabajador estadunidense gasta poco más de 2% de su salario en un litro de gasolina. Con este mismo cálculo los rusos emplean 4.7% de su salario, los japoneses 5.9% y los alemanes el 6 por ciento.

En contraste, desde enero los mexicanos gastamos 10.7% de nuestros ingresos, promedio, en gasolinas. Si el litro se fuera a 20 pesos entonces pasaríamos a 12 por ciento.

Por otra parte, no es lo mismo 6% del millón de pesos que ingresa en promedio un trabajador alemán por año, que 12% de los 319 mil pesos anuales que obtiene el trabajador mexicano del 5o. piso.

Si la comparación se hace, no con el ingreso promedio, sino con el salario mínimo, entonces la medición duele aún más. El salario mínimo alemán es de 34 mil pesos al mes, el francés de 33 mil, el estadunidense de 25 mil y el español de 17 mil. En contraste el salario mínimo en México no roza los 3 mil pesos mensuales.

Uno de los 7 millones de trabajadores mexicanos que ingresan el salario mínimo tendría que gastarse una quinta parte de su sueldo para llenar un solo tanque de 40 litros. Contrasta que a un español con salario mínimo le alcance con 6.4% de su ingreso para hacer la misma compra. En el caso del estadunidense el rango andaría en 2.3% y en Alemania sólo 3.6% del ingreso mínimo.

ZOOM

No es cierto que el gasolinazo pega más a los ricos. Quienes viven en el penthouse del edificio social mexicano podrían comprarse casi 2 mil litros de gasolina al mes. En cambio, al precio actual, los más pobres no podrían pagar más de 76 litros en el mismo periodo. Si la gasolina llegara a subir a 20 pesos les alcanzará para 65 litros al mes sin que reste un centavo más para pagar comida, renta, luz, escuela o salud.
Imprimir
COMENTARIOS



top-add