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Verónica Marroquín
Verónica Marroquín
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16 Abril 2017 04:15:00
A todos los misioneros
Queridos amigos: hoy es un gran día, es el misterio de la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, muerto en la cruz y vuelto a la vida, porque así lo prometió nuestro padre de los cielos.

En esta Semana Santa, algunos se van de vacaciones, otros se quedan a vivir los días santos en las distintas actividades propias de estos días de guardar en sus parroquias, los cristianos católicos. Inclusive en el lugar donde se encuentre de descanso.

El jueves santo es el lavatorio de pies, donde se recuerda cuando Jesús humildemente lavó los pies a sus discípulos, (Jn 13, 3-5) con ello nos ofrece un testimonio de la vocación al servicio del mundo y sus semejantes. Y hablando del servicio al prójimo, de la humildad, se me viene a la mente las oportunidades que Dios me ha dado para servir en las distintas trincheras en donde Él me ha puesto al servicio de mis semejantes, como en las misiones en la sierra de Durango, una experiencia maravillosa que guardo con gran amor.

Aún me encanta ver las fotos que mis amigos y amigas de La Salle de la prepa suben en las redes sociales; era todo un mundo de servicio, de amor, de entrega, de humildad, de abandono de todas las comodidades, de esa alegría del compartir el amor de Dios y su Palabra, donde te das cuenta que al llegar a esas poblaciones tan lejanas, que te reciben con un gran cariño y alegría que dan todo, literal todo, por nosotros, ni se diga las comidas, ¡santo Dios!

Recuerdo que nos daban hasta siete platillos distintos en plato hondo, imagínense ustedes queridos amigos, uno de arroz, otro de tortitas de camarón y de papa, de ejotes con huevo (yo realmente sufría, pues con un plato tenía suficiente, y tener que comer era un desaire no comerlo todo), chicales, frijolitos y tortillitas de maíz recién hechas, ¡uff, qué delicia!, pero nos faltaba estómago.

A decir verdad, en ese tiempo, yo de 16, 17 años, era muy remilgosa para comer, así decía mi abuelita materna. Ahora lo veo en mi hija Estefanía que es igual en eso de las comidas.

El punto es que eran unas comelitonas que de verdad salía uno como globo, gula se podría decir. pero no amigos, era una falta de respeto no comerse los distintos platillos.

Los lugareños no sabían cómo agradecernos la visita al pueblito, el darles a conocer el Evangelio y ellos ávidos de escucharlo.

Por ahí tengo una ahijada de primera comunión, se llama Verónica Domínguez, ella me escogió de madrina, por algunos años nos escribimos cartas, yo al domicilio de El Salto en Durango, ella vivía en Echavarría Viejo.

Recuerdo que hasta un muertito nos tocó velar, escuchamos un balazo por la madrugada, pues todo se escuchaba en la sierra, nosotros nos quedábamos en la escuelita.

Al día siguiente se escuchaban las campanas que no dejaban de tocar y al preguntar por qué las tocaban tanto, y tan temprano, dijo una muchacha que fue a llevarnos café, que eran ¡campanadas de difunto! Que habían matado de un balazo a un pueblerino en una borrachera.

Imagínense todos el pueblito o más bien ejido, fuimos al velorio, y con la sorpresa que nos tocó hacer guardia al difunto, ¿cómo creen? Pues así como lo leen amigos.

La verdad sentía que en cualquier momento se iba a levantar de la caja, pues lo habían puesto así tal cual lo recogieron del campo, todo aterrado, con la bala en la frente, cómo olvidar esa imagen, con las fosas nasales tapadas con algodón, con sangre en el rostro y el vidrio de la muy sencilla y humilde caja empañado. ¡como si estuviera aún respirando! Supongo el cuerpo aún estaba caliente. Pedimos por su alma para que se la llevara Dios a su reino.

Vaya experiencias que la vida me ha dado, unas tan alegres como tristes, de todo hay en la viña del Señor.

Amigos queridos, disfruten en oración y en familia este bello día, donde nuestro Señor Jesucristo murió en la cruz por nosotros (viernes santo) y hoy resucitó para darnos una vida eterna al lado del Padre.

Seamos humildes y servidores de nuestros semejantes, todos somos iguales ante Dios.

Las siete palabras que Jesucristo pronunció antes de morir en la cruz:

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” - Lc 23,34

“Hoy estarás en el paraíso” - Lc 23,43

“He aquí a tu hijo: he aquí a tu madre” - Jn 19,26

“Dios mío, Dios mío, porque me has abandonado” - Mt 27,46

“Tengo sed” - Jn 19,28

“Todo está consumado” - Jn 19,30

“Padre en tus manos encomiendo mi espíritu” - Lc 23,46

Su siempre amiga, Verónica, un abrazo fraternal, bendiciones, ¡hasta la próxima!

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