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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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23 Septiembre 2017 04:00:00
A usted, Mara, sin más
La primera opresión de clases coincide con la del sexo femenino por parte del masculino. (F. Engels.)

Capto para usted, Mara, vómitos diferentes de machos muy machos que en la fiereza de su patología se ceban en víctimas como usted misma, (vale).

El Dios del Génesis: “Buscarás con ardor a tu marido; él te dominará y será tu dueño. Y al ‘pueblo elegido’: “¡Practicaste la prostitución con esos egipcios de gran potencia sexual (...) Te entregaste a la prostitución con los asirios, y ni aun así quedaste satisfecha (...) A toda prostituta se le da una paga; pero tú eras más bien la que dabas regalos a todos tus amantes y les pagabas (...) ¡Sólo en eso eres diferente a las demás prostitutas!”. (¿Qué opina de semejante Dios?)

El machismo de un G. Biffi, arzobispo: “¡La mujer es sustancialmente triste, que no sabe ni ser virgen ni ser madre! Es una Eva moderna, una esclava del mal que no sabe decir al Señor: Heme aquí, que tuya soy, y tu sierva rendida. No, ella histéricamente grita: ¡Yo soy mía!, y es sólo una colaboradora de la muerte. ¡Gracias a Dios que Jesucristo escogió para apóstoles a puros hombres!”. (Abominable, ¿no le parece?).

En la tragedia griega Hipólito, ofendido porque Fedra, la madrastra, le ofrecía su amor: “Qué azote tan grande es la mujer, pues el padre la engendra y la educa, da la dote y la casa para librarse de ella; el que recibe en su hogar esta peste destructora, goza engalanando a una pésima estatua, y la viste con sus mejores ropas, y el desventurado gasta así sus rentas. Si alguna ha de vivir con nosotros, la mejor es la inepta. Aborrezco a la sabia. Cipris hace a las doctas las más depravadas”. (Júzguelo usted).

Etéocles, hermano de Polinices, al prepararse para la defensa de Tebas, que el otro habrá de atacar, apostrofa así a las mujeres, que lamentan la guerra: “¡Yo os pregunto, ganado insufrible: ¿es esto mostrarse pronto a hacer bien a la ciudad, y salvarla, y dar aliento a sus asediados defensores? ¡Caer ante las imágenes de los dioses tutelares y gritar, y vocear, ralea aborrecida! Jamás (...) viva yo bajo un mismo techo con gente mujeril (...) Ahora, con este gritar y este correr de un lado a otro, ponéis cobarde desaliento en el ánimo de los ciudadanos (...) ¡He ahí lo que puedes sacar de vivir con mujeres!”.

Siglos más tarde el machismo de un J. Vavizan: “Plugo a Dios formar en la mujer todas las partes del cuerpo dulces y amables. Pero en el caso de la cabeza no quiso enredarse y dejó al diablo que la modelara”.

Machismo de Otto Weininger: “La mujer se consume en la vida sexual, en la cópula y la multiplicación. Ella no es otra cosa que sexualidad; el hombre es un ser sexual, pero también es algo más. La mujer es sólo sexual (...) Las mujeres no tienen existencia ni esencia, son la nada”.

George Sand (Aurora Dupin), escritora: “Al carecer de profundidad en sus exposiciones y de ilación en sus ideas, la mujer no puede poseer genio. La mujer es imbécil por naturaleza”.

Y una Lady W. Montagú: “Lo único que me reconcilia por ser mujer es que esto me protege del peligro de casarme con una”.

Fue un macho de estos, Mara. Su brama animal lo arrojó, fauces babeantes, a desgarrarla hasta la muerte mientras le vomitaba en el vientre sus inmundicias. (Mara).
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