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Rafael Loret de Mola
Rafael Loret de Mola
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Rafael Loret de Mola Vadillo (Tampico, Tamaulipas; 25 de octubre de 1952). Periodista y escritor mexicano, conocido por ser uno de los más serios críticos del sistema político mexicano. Sus libros, muchos de los cuales han sido best-sellers, contienen información confidencial sobre numerosos actores políticos de México. Jamás ha sido desmentido públicamente.

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04 Junio 2018 04:00:00
Abrazos de osos
Los candidatos que suspiran por consolidar el segundo lugar entre los presidenciables –no hay manera de librarnos de alguno de los “cuatro” con El Bronco relinchando sobre una mula de seis-, buscan ser abrazados por los gobernadores de sus respectivos partidos, varios de ellos en el umbral de ceder ante el empuje de otros partidos como en Veracruz, Puebla, Yucatán y, desde luego, la Ciudad de México. Necesitan ternura para consolarse, diríamos, y no fuelle para intentar un salto... hacia el abismo.

Mortifica observar a Ricardo Anaya, precisamente en Puebla cuna de uno de sus pequeños monstruitos, pedir que lo arropen siete gobernadores con la ausencia notable de Miguel Ángel Yunes, el papanatas que quiere dejar a su hijo en el trono de Yuneslandia, Francisco García Cabeza “de buey”, de Tamaulipas, la tierra sin ley legada por el priísta descastado, Egidio Torre Cantú, quien deambula con la impunidad como mala mujer corroída en sus entrañas, y del supuesto anfitrión, Tony Gali Fayad, uno de los títeres viles de Rafael Moreno Valle quien presiona, a todo lo que da, para imponer a su esposa, Érika Alonso Hidalgo, en la gubernatura. Puras vergüenzas.

Anaya, entonces, no sólo confronta la guerra sucia desde fuera, por obra y gracia de un sistema al que le incomoda aunque algunos lo señalen como afín al mismo –es el único de los aspirantes que ha manifestado su convicción para iniciar un proceso contra peña mientras sus adversarios le dan vueltas semánticas al asunto que tanto interesa a los mexicanos-, sino igualmente las de adentro como efecto natural de sus compromisos soterrados con el fin de sacar del ring presidencial a sus correligionarios, Moreno y la señora enajenada de calderón a quien ya no quiero mencionar.

Con respecto a Meade busca apapachos por doquier, incluso en los empresarios más adinerados –y miserables moralmente-, para cubrir las sillas de sus mítines desairados; hace unos días, Baillères le dio una manita y de no ser por los acarreados habría tenido que discursar como en un ensayo: a teatro vacío.

Las encuestas no ceden, por su parte. Las que sabemos en manos de las dirigencias partidistas, alegan a favor de situar a su candidato lo más cerca del puntero pero su afán queda roto al menor ejercicio que se haga sin intermediarios. En mi caso, he efectuado cuatro y, en todos, la abrumadora mayoría –del 95 por ciento cuando menos-, se inclina por Andrés; las encuestas más sólidas, con mejor tecnología, le ofrecen un porcentaje mínimo entre el 43 y el 48 por ciento, lo que obligaría a sus contrincantes a sacarle un punto y medio cada día, una hazaña jamás vista en los anales de la democracia moderna en ningún país de la Tierra. (Y no me salgan con que la elección de Trump fue una sorpresa cuando en esta página la anunciamos desde cuatro meses antes al día de los comicios).

Pervive, claro, el espíritu del fraude entre los escépticos –incluso priístas que insisten en la posibilidad de una “legalona”, es decir un cochinero, para insistir en que Meade se impondrá a la mala-, y a últimas fechas se teme por una anulación de las elecciones si la violencia se generaliza y es imposible realizar la jornada prevista para dentro de veintiséis días. Lo cierto es que los mexicanos están mejor informados y, espero, no se dejarán conducir al abismo del conformismo y la manipulación.

Los escuchas del Himno insisten en la oración patria: Un soldado en cada hijo te dio.


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