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Gerardo Hernández
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20 Marzo 2017 04:00:00
Acabar con el moreirato
Cuando Guillermo Anaya (PAN) era presidente de Torreón, Humberto Moreira (PRI) ostentaba en Saltillo el mismo cargo. Moreira fue alcalde (y gobernador) porque Enrique Martínez lo permitió; Anaya, por decisión ciudadana. La competencia entre los jóvenes alcaldes no sólo era política, también se disputaban el apoyo del Gobernador. Hoy el amigo de Martínez –para muchos, “el priista más panista”– es Anaya y no Moreira, quien además de acabar con la herencia financiera de su predecesor (cero deuda pública), también terminó con la paz social y la concordia entre los coahuilenses.

Anaya denunció las deficiencias del Gobierno municipal de Moreira. En Torreón, el manejo financiero era más o menos transparente. En Saltillo imperaba la opacidad –tolerada también por el Gobernador y por el Congreso–. Mientras Anaya saneaba las finanzas y dejaba deuda cero, Moreira endeudaba al Municipio, anticipo de lo que vendría después (pasivos por más de 36 mil millones de pesos, antes de intereses, que mantienen a Coahuila sometido a una banca usurera, y a la población a una pérdida constante en su calidad de vida).

Anaya fue declarado candidato del PAN al Gobierno del Estado –por segunda ocasión consecutiva; en 2011 contendió con Rubén Moreira– el 28 de febrero, después de una competencia simulada con Roberto López García. El PRI utilizó la misma fórmula para tratar de legitimar la postulación de Miguel Riquelme. Ambos tuvieron a los líderes nacionales de sus partidos (Ricardo Anaya y Enrique Ochoa) en el anuncio de sus respectivos triunfos. Sin embargo, los abanderados del PAN y el PRI afrontan oposición dentro y fuera de sus partidos.

La división en el PRI es mayor por la renuncia de Javier Guerrero, según consta en los medios de comunicación y en las redes sociales, después de reunir 200 mil firmas para participar en las elecciones del 4 de junio próximo. En un clima favorable para la alternancia y contrario a los partidos tradicionales, Guerrero se ha convertido en una opción real de cambio, como Armando Guadiana lo es por Morena. El PRI, el PAN y el Gobierno temen el crecimiento de ambos y podrían emprender acciones para descalificarlos, e incluso eliminarlos de la contienda. En esa tarea cuentan con un Instituto Electoral de Coahuila débil, infiltrado y en poder de ambos partidos.

El 26 de febrero, el exgobernador de Puebla y aspirante presidencial, Rafael Moreno Valle, estuvo en Torreón para apoyar a Anaya. El dato es revelador por los nexos de Moreno con la expresidenta del SNTE, Elba Esther Gordillo, y de esta con el exgobernador de Coahuila y exlíder del PRI, Humberto Moreira, quien, según versiones, habría pagado su campaña para el Gobierno de Puebla, presuntamente con recursos públicos, por instrucciones de Gordillo.

Tales vínculos refuerzan la sospecha –temida por el PAN y otros sectores, pero que el Gobierno ha dejado correr– de que Anaya es el plan B de Rubén Moreira. Por otra parte, uno de los temas del PRI para debilitar al candidato panista es su presunta relación con la delincuencia organizada, por haber sido cuñado de un hermano del narcotraficante Sergio Villarreal, “El Grande”. Anaya niega ambas especies y advierte que el único plan es la alternancia y acabar con el moreirato. En su primer discurso como candidato, el lagunero prometió castigar a quienes robaron a Coahuila y aún siguen impunes. “Los que la hicieron, la van a pagar”. Ninguna mención explícita a los Moreira. Quizá lo haga en campaña. Quizá, quizá, quizá…
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