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Rafael Loret de Mola
Rafael Loret de Mola
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Rafael Loret de Mola Vadillo (Tampico, Tamaulipas; 25 de octubre de 1952). Periodista y escritor mexicano, conocido por ser uno de los más serios críticos del sistema político mexicano. Sus libros, muchos de los cuales han sido best-sellers, contienen información confidencial sobre numerosos actores políticos de México. Jamás ha sido desmentido públicamente.

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20 Julio 2017 04:00:00
» ¿Acabará la impunidad?
No siempre fue así. Mal destino tuvo, por ejemplo, Antonio López de Santa Anna, en el retiro, cuando Juárez lo despreció y humilló dejándole morir bajo el desprecio luego de haber sido exiliado dos veces sin que nadie tuviera consideración por sus once mandatos presidenciales cuando “Su Alteza Serenísima” iba y venía desde su hacienda Manga de Clavo, cerca de Xalapa, allá donde ahora misma se asfixian por el autoritarismo y la corrupción. Yuneslandia es un remedo de aquel sujeto que llegó a ser también gobernador de Yucatán con el propósito de crear un triángulo dorado con Cuba. Los tiranos siempre tienen sueños utópicos porque se alejan de la realidad.

Lo último es aplicable a la actualidad con un presidente que calla ante los insultos a México –los del anaranjado Trump, recientemente, en su cara-, y presume por ser el presidente del empleo por crear plazas que, en realidad, sirven para sustituir a los trabajadores cesados o simplemente hartos de la explotación humana mientras crecen los indicios de esclavitud en diversas entidades del país, sobre todo Guerrero y Baja California Sur –en esta para favor de los fox-, como hace un siglo, en Cananea, en donde los mineros protagonizaron uno de los primeros conatos revolucionarios. Después sobrevino el caos de los caudillos para anclar en el partido único y el
presidencialismo.

Estoy convencido de que el señor Peña no se plantea terminar en prisión porque no hay antecedentes de ello y se equivoca. Victoriano Huerta, el usurpador, en su huida hacia el norte luego de ser derrocado, transgredió leyes migratorias por las que fue detenido y recluido en Fort Bliss, muy cerca de El Paso, hasta su muerte bajo los horrores de operaciones sin anestesia y la sorprendente mirada de los médicos que observaban a un paciente que no tuvo el menor signo de dolor en su rostro ajado.

Fue, sí, hace poco más de un siglo; pero el precedente quedó como una advertencia de que si es posible conducir a los peores escenarios coercitivos a los mandatarios del país aunque algunos lo hayan olvidado. Hace menos, por ejemplo, el nonagenario Luis Echeverría, acusado por el delito de lesa humanidad más grave, el genocidio –esto es por los sucesos de Tlatelolco y el Jueves de Corpus-, debió pasarse una temporada en prisión domiciliaria en su palacete de San Jerónimo donde sigue haciéndose viejo, cada vez con menos invitados haciendo antesala, despreciado, eso sí, por la sociedad y la historia.

Con tales referentes no es disparate alguno sugerir cuál puede ser la perspectiva ara el señor Peña, más ahora cuando se encienden las alarmas por la aparición de socavones en obras de reciente inauguración encargadas a la empresa española OHL, con la cual, sin duda alguna, ha tenido arreglos soterrados muy redituables. Los de allende el mar volvieron, ya sin carabelas, en busca de oro que dejaron en estas tierras cuando fueron sacados a patadas por los insurgentes. Dos siglos después, lo traidores los han traído de vuelta contradiciendo con ello las lecciones de la historia. ¡Fuera con ellos! Por la dignidad de los mexicanos.

Pero el señor peña no se da cuenta de que sus sociedades, basadas en el favoritismo desde el poder, serán exhibidas por la próxima administración aun en el espinoso caso de que se consume un nuevo fraude electoral destinado a cubrirse las espaldas ante la crecida de la izquierda y la amenaza de la derecha de unirse con sus antagonistas de la izquierda sin MORENA de por medio. De cualquier manera los polvorines están encendidos y, cada vez, es mayor el riesgo. Despierte, señor Peña; el poder no es inmortal y el deshonor lo perseguirá en la medida en que vayan saliendo todos los negocios, todas las concesiones, todas las comisiones, viva en donde usted decida; no en México, desde luego, donde le será muy difícil asomar el rostro por la ventana. ¿No lo observa así? Lo entendemos porque a su alrededor los jilgueros, aunque desafinen, le hacen creer otra cosa. Pobre de
usted.

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