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Carlos Moreira
Carlos Moreira
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11 Julio 2015 04:05:53
Actualización docente. La lucha sindical
Desde el 96 la UNESCO, en el Informe de la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo 21, establece como uno de los requisitos indispensables para los años venideros el hecho de generar las condiciones para que el ser humano pueda tener los espacios y recursos para aprender a lo largo de toda la vida.

Lo anterior cobra relevancia si consideramos que en la sociedad de la información una buena parte de los conocimientos tienen fecha de caducidad y, en ese sentido, el ser humano, en cualquiera de las profesiones, precisa mantenerse actualizado y, en muchos de los casos, aprender cosas muy distintas a las que en el ayer le permitieron desempeñar su tarea productiva.

Los trabajadores de la educación no son la excepción, por el contrario, la naturaleza de su profesión les obliga a asistir a las aulas no sólo para enseñar, sino además para adquirir o reforzar conocimientos.

Subrayo: tal imperativo no es producto de la reforma educativa. Así ha ocurrido desde hace varias décadas.Muchísimos de mis compañeros lo han entendido de esa manera y han buscado superarse y actualizarse académicamente, y lo han hecho con sus recursos económicos y en su tiempo libre.

Para muchos profesores (además de incorporarse a la tarea docente) el salir de la Normal Básica implicaba buscar el ingreso en la Universidad Pedagógica Nacional, en la Normal Superior o en la Escuela Normal Regional de Especialización, es decir, seguir estudiando. Y luego de ello, tratar de encontrar un espacio en alguna maestría relacionada con la educación. El colmo es que desde los años 90, las instituciones de enseñanza superior públicas fueron desechando un buen número de cursos de posgrado y muchas escuelas privadas los tomaron como su oferta educativa y su negocio particular. Y los profesores pagaron las colegiaturas de su bolsillo, por ese afán de mantenerse actualizados.

La llegada de la reforma educativa tiene que ver con hablar de evaluación, como también de actualización y de tutorías. La gran mayoría de los maestros no se niegan a lo primero y, prácticamente, todos los profesores desconfían de la calidad de ambos aspectos.

De poco sirve hablar de evaluación sin que ésta se acompañe de apoyos que intenten solucionar las deficiencias encontradas. Más aún, irrita que no sólo se hable de evaluación sino que exista una obsesión con dicho aspecto por parte de las autoridades y, peor aún, la falta de atención a las responsabilidades del Gobierno con la actualización. Para el tema de la evaluación educativa, además de capacidad, se precisa sensibilidad en el discurso y en las acciones. Para el aspecto de la actualización de los docentes se requiere no sólo sensibilidad sino también presupuesto.

Para valorar lo que significa la realidad que vivimos, baste revisar lo que dice el segundo párrafo del Artículo 22 de la Ley General del Servicio Profesional Docente: “Con el objeto de fortalecer las capacidades, conocimientos y competencias del Personal Docente de nuevo Ingreso, durante un periodo de dos años tendrá el acompañamiento de un tutor designado por la Autoridad Educativa o el Organismo Descentralizado, según corresponda”.

Buena parte de los nuevos docentes en nuestro país no tienen tutor designado y en los casos en los que sí existe, no hay claridad ni en su perfil, ni en sus funciones.

Todo indica que el SNTE está más preocupado por la actualización de los docentes que las autoridades educativas. Así lo indican los esfuerzos del sindicato de maestros por llevar una oferta educativa de calidad a través del Sistema Nacional de Desarrollo Profesional (Sinadep).

Lo que sigue por parte de la organización sindical es realizar un puntual seguimiento de las incidencias que se desarrollan no sólo en la evaluación, sino en los programas de acompañamiento académico y de actualización. Y ante un eventual problema en los resultados del docente, tener los elementos valorados y apoyados por abogados laboralistas y expertos en educación, elementos ligados al incumplimiento de los apoyos educativos que por ley debe recibir el educador, lo que puede servir como sustento para invalidar el resultado de la evaluación de dicho maestro.

Si la autoridad le exige al maestro un resultado en la evaluación, el sindicato debe exigirle a la autoridad el cumplimiento cabal de sus responsabilidades.
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