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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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17 Enero 2016 04:10:07
Adair, el refugiado y la traición
¡Por favor… por favor… por favor Negrito!… dile a tu mamá que me deje quedar en su casa, que me adopte… ¡Sí!, que yo sea tu hermano.

Por principio de cuentas, Adair llegó con sus patas pelonas y nejas a provocar una rebelión en el centro de las canicas, las pateó cuando yo estaba cerrando el ojillo izquierdo, apuntando para ver cuántas podía sacar.

Estaba seguro de que iba a llevarme de encuentro por lo menos tres, me había colocado estratégicamente para que no me dieran un quenco… ¡Y justo ahora se le ocurre a este infeliz llegar a revolverlo todo!

La tensión que antecede al tiro se rompió… ¡Jijuetuchepindrema!… así exclamaba Checherengue cuando una maldición, producto del enojo, rondaba sus labios, sellados para no decir malas palabras.

-¿Qué trais?

Temblaba Adair… “Tavo me quiere dar mis cuerazos”.

Suspiramos… Chibirico que estaba moviendo con el pie su cayuco para alejarlo de Gelo, quien lo tenía a tiro de un quenco, protestó…

“No mames nalgón… ¿por unos cuerazos andas huyendo?” Los cuerazos eran tan cotidianos, que nadie huía de su casa para evitar una cueriza… acaso algunos corrían y regresaban en la noche, o más tarde, con suerte se le pasaba el coraje al verdugo… con mala suerte no.

Pero, ¿huir de la casa para que no te arrimen la cintariza? Adair tenía los labios pálidos… “Es que me va a matar” Tavo, el hombre que lo tomó como entenado al juntarse con su madre, era barbón… fornido… y holgazán como ninguno.

Adair… seis años, científico en ciernes, lo encontró dormido y se preguntó si era cierto eso de que el pelo del hombre no se quema.

Tomó la veladora puesta en memoria de su abuela Nicanora y se la acercó a la barba a su padrastro…

“Yo nomás quería quemarle uno… o dos, y tenía el vasito con agua para mojar el dedo y apagarlo de volada”.

Interesante experimento, sin duda, que nos tenía con la boca abierta.

-¿Y luego?

“Le quemé un pelo… bueno, yo quería quemarle uno, pero se prendieron varios… bueno, un chingamadral de pelos… ¡se le prendió la barba!”

“Jijuesupilinga… ¿le quemaste la barba a Tavo?

Asintió con la cabeza…

Al ver aquel desastre, le echó el agua del vaso… la lumbre se medio apagó, Tavo despertó sobresaltado y al sentir que se quemaba corrió desesperado por todos lados de la casa con la barba en brasas…

se apagó con la toalla…

De principio pensó que fue por quedarse dormido con el cigarro encendido, pero Adair, petrificado, no movió la veladora.

De allí, a que el hombre fuera a buscar el cinturón de cuero para ajusticiar al chaval, fueron apenas unos segundos… vitales para escapar.

Había que protegerlo, la ciencia podía perderse de un futuro hombre valioso.

Nada de adoptarlo, conocía a mi ma’linda, auspiciadora de atender al desvalido, pero incapaz de meterse entre la disciplina de un padre y de su hijo… “Cada quien sus hijos”.

No lo íbamos a poder adoptar, entonces lo esconderíamos y guardaríamos el secreto… le llevaríamos de comer todos los días…

en la noche y tempranito salir a cagar o a mear y luego otra vez al pozo.

Hasta que a Tavo se le pasara, o se largara como acostumbraba hacerlo de vez en vez…

Chibirico encontró un pozo por el lado de las palmas de coco… grandecito, le metimos unas sábanas viejas pero limpias que estaban en el taller de Sabino El Toques…

Se metió asustado… “No hagas ruido”

“¿Me pueden traer unos frijolitos y unas tortillas?… ¡No he comido!”

¡Primera misión del comando salvador!… Pivo fue por la tortilla, el Chino Edy por los frijolitos… hasta eso, calientes…

Se los tragó como náufrago… le hacíamos plática, cada quien un ratito para no llamar la atención.

“¿Y no tendrás un panecito con cajeta?”…

Panecito con cajeta, sacado de casa de Armando la Rata…

Tres horas después, mi turno de platicar con él, pero el nalgón estaba dormitando… con los ojos cerrados aún pide: “¿Vasito de leche con bolillo?”

Este refugiado era bastante tragoncito.

No sé quién fue, si me fuese dado jurar, juraría que no fui yo…

Pero de repente llegó Adoración, la madre de Adair… lo sacó a cuerazos del pozo, y se lo llevó así por toda la calle hasta su casa.

Tavo no estaba, se fue enojado de la casa, como lo hacía de vez en vez, sólo para volver a los 15 días, después de todo, no había muchas mujeres dispuestas a mantener a un vividor.

La cueriza no lo mató, pero nosotros descansamos… eso de los refugiados por caridad no es asunto tan sencillo.

“Se iba a tragar todo de la casa y los cuerazos iban a ser para mí”, justificó Chibirico.

Mañana continuamos con el juego de las canicas, justo desde donde estábamos antes que llegara Adair, fue el trato en la fogata nocturna.

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