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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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09 Julio 2016 04:00:09
Adiestramiento gregario, control psicológico
El clásico pasecito a la red, mis valedores. La FIFA dio a conocer el precio de las entradas del Mundial que se celebrará en Rusia. Los boletos de “categoría uno”, tendrán un precio de 1,100 dólares. A propósito:

¿Quién enriquece al duopolio de televisión? El pobrerío de siempre, las masas sociales, lo afirma el editorialista. “Abandonados, desatendidos por el Gobierno, los pobres han caído en manos de la televisión. La TV ha convertido el futbol en una gran telenovela. Cada equipo es una telenovela. Es una historia interminable sin final feliz o triste. Hay momentos de alegría eufórica y de angustia depresiva. La historia de siempre”.

Para lograr tan sañuda cuanto productiva enajenación de las masas las televisoras han integrado un equipo de merolicronistas histriones del ditirambo, el aullido y la vociferación, que a gritos y con un lenguaje grandilocuente (héroes, sublime, la gloria, la excelsitud) han logrado manipular a unas masas aturdidas que terminan por desbarrancarse en el insulto, la agresión, la idolatría.

Alguna vez, cuando se enfrentaron Pumas y América, “La burla llegó a un nivel máximo cuando desde la cabecera amarilla se comenzó a escuchar: ¡Cómo yo te voy a querer, cómo yo te voy a querer, ni que fuera yo pendejo, pinche equipo feo. Siempre te odiaré!”.

No voy a tratar ante ustedes un asunto de miércoles como es el del clásico pasecito a la red. No voy a escribir de futbol, que maldita la gracia que me hace el tema de manipulación colectiva. En un par de artículos escribiré sobre la mansedumbre y la enajenación que exhiben las masas al sonido de la flauta de Hamelín, que en nombre del sistema de poder del que forman parte les tañen los medios de acondicionamiento social. Aquí algunas opiniones de analistas que se han abocado a examinar la reacción del fanático ante el fenómeno colectivo del futbol.

El sentimiento seudopatriótico que depositamos en el seleccionado nacional sirve para ocultar la falta real de una auténtica unidad nacional capaz de enfrentar a la opresión imperialista.

Como espectáculo para las masas sólo aparece cuando una población ha sido ejercitada, regimentada y deprimida a tal punto que necesita cuando menos una participación por delegación en las proezas donde se requiere fuerza, habilidad y destreza, a fin de que no decaiga por completo su desfalleciente sentido de la vida.

El futbol florece en comunidades urbanas donde el ser humano corriente lleva una vida sedentaria y no tiene muchas oportunidades para la labor creadora. En una sociedad donde el pueblo pudiera desarrollar libremente todas sus posibilidades deportivas, ¿el futbol como espectáculo de masas seguiría ejerciendo la fascinación que opera en nuestra sociedad? Con el futbol se educa a las masas para la pasividad, para la dependencia, para la no acción, para la no participación en la vida pública.

Esa fascinación, ese abandono de sí mismo que el futbol ejerce sobre amplias masas populares constituye un vasto movimiento de diversión y de mistificación; cumple una función de compensación simbólica y de exultorio. Los capitalismos lo utilizan como medio de adiestramiento gregario y control psicológico de las masas a través de sus reflejos condicionados.

De súbito, desde las galerías, rompen a rodar las pasiones crispadas, las imaginaciones de fuerza de los insultos, los frustrados deseos semanales, y la multitud de los partidarios sugiere de pronto la imagen de un viejo decrépito que se exaspera en sus vanos esfuerzos por poseer a una adolescente.

(Esto sigue la próxima semana.)
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