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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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02 Agosto 2018 04:00:00
Aéreos y carreteros
Este 31 de julio, un avión Embraer 190 de Aeroméxico Connect se desplomó al despegar en Durango. A pesar de que transportaba a 97 pasajeros y cuatro tripulantes, no hubo ninguna víctima fatal. El accidente generó de inmediato una enorme atención de redes sociales y medios de comunicación, como es habitual en los accidentes de aviación.

El mismo 31 de julio, también en Durango, se registró un accidente en la carretera Panamericana, a la altura del kilómetro 285, entre un camión de carga y un autobús de pasajeros. El saldo fue de 11 muertos y 25 lesionados. La atención de medios y redes sociales, sin embargo, fue virtualmente nula. Esto es consecuencia de un prejuicio que se manifiesta tanto en medios como en redes sociales. Un accidente de avión es noticia, aunque no haya víctimas mortales, pero uno de carretera no lo es, aunque sí haya fallecidos. Quizá este prejuicio explique por qué tanta gente tiene miedo a viajar en avión, pero no a trasladarse en carretera por auto o autobús. Las cifras duras, sin embargo, nos revelan que es mucho más seguro viajar
por aire.

En 2017 no hubo una sola muerte por accidente en la aviación comercial en el mundo según la consultora neerlandesa To70 y el Aviation Safety Network. El año pasado, de hecho, fue el más seguro para los viajes por aire en toda la historia. Actualmente, se registra un accidente con víctimas fatales por cada 16 millones de vuelos comerciales. En la aviación privada hubo en 2017 10 accidentes con víctimas mortales, 44 murieron a bordo y 35 en tierra. En contraste, cada año se registran en el mundo alrededor de 1.3 millones de muertes en accidentes carreteros según la Organización Mundial de la Salud. Además, entre 20 y 50 millones son lesionados o quedan discapacitados. La diferencia es enorme.

En México se registraron 4 mil 559 muertes por accidentes de tránsito en 2016 según el Inegi. Los accidentes no son simples accidentes, son producto de malas políticas públicas y del mal estado de las vialidades. En 2013, México registraba 43 muertes por cada 100 mil vehículos de motor por accidentes de tránsito; en Estados Unidos la cifra era de 12.9 y en Canadá de 9.5. La aplicación de reglas sensatas de tránsito es un factor fundamental para estos resultados. En China, por ejemplo, se registran 104.5 muertes por cada 100 mil vehículos y en la República Democrática del Congo 6,405.4.

Cuando hay un accidente aéreo, se lleva a cabo una investigación para determinar las causas y tomar medidas para reducir la posibilidad de futuros casos. Cuando hay accidentes en carretera o de tránsito, se presta poca o ninguna atención.

En la Ciudad de México, a pesar de que las autoridades afirman que las fotomultas han disminuido las muertes por accidentes, el nuevo gobierno electo ha anunciado que las eliminará. Quienes trabajamos en los medios somos parcialmente responsables del exceso de atención a los accidentes de aviación y el poco caso a los de tránsito. Este desequilibrio ha hecho que no se ejerza una presión más importante a las autoridades para aplicar las leyes de tránsito o reparar las calles y carreteras.

La tragedia de las muertes por accidentes de tránsito, sin embargo, es enorme y son muertes fácilmente evitables. El problema es que los políticos mexicanos consideran normal que 4 mil 559 personas mueran al año en accidentes prevenibles.

RAZÓN LÓGICA

La descentralización de las dependencias federales prometida por López Obrador no sólo generará enormes problemas a los servidores públicos, sino que tendrá un costo enorme, todavía no calculado, que seguramente superará todos los ahorros de la austeridad. Lo peor de todo es que no hay una razón lógica, un propósito práctico, para esta dispersión de oficinas.
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