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Antonio Navalón
Antonio Navalón
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Periodista, voyerista de la vida y vendedor de libros. www.antonionavalon.com

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25 Enero 2011 05:08:51
Agenda secreta
La cooperación entre los dos países atraviesa por una crisis severa

Las visitas de Estado son como las olas, debajo de la espuma que se ve está la corriente que la forma. La foto y el apoyo es la espuma; la corriente es ahora un nuevo y grave problema en la relación bilateral entre México y Estados Unidos.

La cooperación judicial entre los dos países atraviesa por una crisis severa. Por un lado, la política de extradiciones de México al país vecino y, por otro, el programa de testigos protegidos.

EU desconfía de la justicia de prime time que ha instaurado el gobierno mexicano. También, en corto, Hillary Clinton ha podido constatar que su embajador ya no goza de la simpatía presidencial. Carlos Pascual es hoy más un problema que un conducto para este gobierno.

Aunque parezca imposible, ya hay que ir pensando en el día después. El día en el que la falsa guerra de Calderón se haya terminado.

Al día después de este sexenio, la responsabilidad histórica de la desatención al tema de la justicia no se quedará sólo en el Presidente y en los que lo siguieron, sino también en los líderes de los partidos políticos, en los gobernadores y en los parlamentarios, que, llevados por la orgía de la conquista de Los Pinos —unos para quedarse y otros para volver—, han sacrificado todo, olvidando que todos forman parte de un sistema cuya perfección está en tres patas: la Ejecutiva, la Legislativa y la Judicial.

Ya, como queda dicho, la relación con Estados Unidos se está viendo afectada por la ausencia de un sistema judicial mexicano. La demencia de mandar a los noticieros de televisión a través de la vocera las declaraciones de testigos protegidos como “El Grande”, confundiendo lo que es el impacto de la opinión pública con el éxito de una lucha contra la delincuencia, lo que ha hecho que por la acción del gobierno y la omisión de los demás el concepto de justicia haya desaparecido en México.

La política de los testigos protegidos está prácticamente destruida porque no hay ningún país que pueda tenerla y usarla para aumentar el rating de los noticieros.

Las detenciones no determinan el éxito total de la guerra; lo serían si al final se obtuvieran condenas en firme, derivadas de que además del trabajo judicial o militar se realizara un pertinente trabajo con lo que se refiere a la configuración de los procedimientos judiciales que permitieran las condenas.

Aquí se detiene por y para los noticieros. Por eso es fundamental que sepan los que no quieren irse y los que van a llegar que entre los muchos problemas que deberán resolver está la cascada de violencia que cruza todo México, aunada al asesinato de activistas de derechos humanos como Marisela Escobedo, siguiendo con la carta de las seis mujeres premio Nobel, hasta tantos y tantos hechos que vendrán en forma de reclamación y actuación judicial nacional e internacional.

El problema con la actuación judicial nacional es grave; quiero suponer que el presidente Calderón sabe a qué dedica el tiempo libre el procurador general Chávez Chávez, porque, efectivamente, parece que tiene mucho que hacer, pero a partir del día en el que el Estado mexicano decidió que el secuestro sería un delito privado, cuando se llevaron a Diego Fernández de Cevallos, puso en peligro la legitimidad del conjunto de sus actuaciones.

El fin de esta sangrienta, terrible y horrorosa acción contra el crimen organizado es no solamente matarlos, sino condenarlos y convencer a todo un país de que es mejor ser bueno que malo.

Si las impunidades imperan, la postura no es hacer después como ya hizo Fox: fiscales especiales para que investiguen los crímenes del pasado es tener un sistema judicial que pueda convencernos a los demás de que no tenemos que defendernos pistola en mano o simplemente irnos por lo que significa la pérdida de control de un país.

Esto no solamente sirve a Calderón y sus secretarios, también afecta a los políticos de los otros partidos, muy preocupados en ver cómo repuntan o despuntan las encuestas, pero muy poco conscientes de que esta marea justa, junto con el juicio que se avecina también, los implicará a ellos.
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