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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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21 Enero 2018 04:05:00
Agua vs hielo
Sucedió en Saltillo. En cierta ocasión, al presentarse una antología de textos de escritores coahuilenses, los encargados de los comentarios se dedicaron a criticarla. Uno habló de la pésima selección de los trabajos incluidos en el volumen. Otro arremetió contra lo que él consideraba un pésimo diseño y el mal gusto de las ilustraciones. El tercero tomó el libro entre sus manos y abriéndolo ante el auditorio demostró su deplorable encuadernación. En fin, aquello fue una hora dedicada a afear la edición, la pobreza del contenido y los defectos técnicos, sin faltar uno a quien tampoco le gustó el papel utilizado en la portada y en las páginas interiores.

El editor había delegado la organización de la presentación a un hombre de confianza. Irritado, al terminar aquella carnicería disfrazada de acto cultural, encaró al encargado de invitar a los presentadores: “¿Por qué invitaste a estos tres…?”. Este, sin poderse borrar del rostro el gesto de desconcierto, se quedó callado. El editor insistió: “¿Por qué los invitaste?”, a lo que el aludido, con voz apesadumbrada respondió: “Pues, por pendejo”. Ante una explicación tan sincera, el enojo del editor se disolvió en una sonrisa. Dio dos palmadas en el hombro del responsable y con ello terminó el asunto.

La anécdota viene a cuento a propósito de lo que los periódicos bautizaron como megacarambola al accidente ocurrido en uno de los pasos elevados del periférico Echeverría de Saltillo. Como es sabido, en este choque participaron más de 40 vehículos, entre ellos una camioneta-patrulla de la Policía Municipal.

Cuando los periodistas intentaron averiguar las causas de la multitudinaria colisión, más de tres de los conductores involucrados aseguraron que la carpeta asfáltica estaba cubierta de hielo. La versión de las autoridades correspondientes, como les dicen los reporteros de policía, fue diferente.

Culparon a tres factores: la neblina y la consecuente escasa visibilidad, el pavimento mojado y la alta velocidad a la que conducían los automovilistas.
La versión oficial no resiste al ser confrontada con lo dicho por los participantes en el accidente. Además, aplicando la más simple lógica, cabe preguntar: ¿por qué no ocurrieron accidentes similares en los tramos bajos del periférico, donde también había niebla y humedad? Es lógico pensar que en los pasos elevados, más expuestos al viento del norte, de donde llegó la onda gélida, la lluvia se congeló. Esto no sucedió en los tramos a nivel de la calle, protegidos por las construcciones que los flanquean.

Podría argumentarse que ese mismo día se registró otro choque múltiple en la salida a Zacatecas. Sí, pero allí fue diferente: un chofer adormilado embistió con su camión a cinco o seis autos detenidos en el rojo del semáforo.

La cosa es más trascendente de lo que parece, pues se trata de una autoridad que intentando negar la realidad deteriora su credibilidad. Y eso tiene consecuencias graves. Si se niega de esa manera, ¿por qué no poner en duda cualquier declaración que haga en el futuro? ¿Por qué no reconocer que el frente frío los sorprendió y hubo retraso al tomar las medidas pertinentes, como cerrar el acceso al paso elevado? Nadie espera –estaría loco– autoridades perfectas que jamás se equivocan y cometen errores. Nadie espera eso, pero todo ciudadano puede alentar la esperanza –y el derecho– de tener autoridades dignas de crédito.
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