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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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16 Febrero 2014 05:09:41
Aguas turbias
Si algo podemos tener en claro a estas alturas del partido (tal vez lo único), es que Javier Villarreal logró poner en jaque a las autoridades, tanto coahuilenses como del Gobierno federal. A cuatro días de que el ex funcionario se entregara en Texas, nadie por estos lares -en la esfera gubernamental- atina a articular un discurso medianamente coherente y creíble a manera de reacción oficial; se optó por el silencio, por crear vacíos y esa estrategia de dilación nunca ha redituado buenos frutos.

Vaya, hasta a los líderes del PRI estatal les giraron la instrucción de no tocar el tema.

Entonces, ya que no existe ningún interés de contener las especulaciones y las versiones, cada una más atrevida que la anterior -con alguna postura que al menos intente encausar el tema por senderos de “conveniencia coyuntural y/o institucional”-, resulta válido cualquier ejercicio que intente encontrar la cuadratura al círculo.

En este momento serán contados con los dedos de una mano quienes, incluyendo al propio Villarreal, sepan exactamente por qué decidió entregarse el miércoles ante autoridades estadounidenses; por qué prefirió enfrentar cargos que le pueden significar una sentencia de 20 años de prisión en lugar de seguir en calidad de prófugo. Solamente él sabrá exactamente qué cartas juega al pretender convertirse en testigo protegido y la razón de fondo para negarse incluso a la
posibilidad de seguir el proceso en libertad bajo fianza.

Y es precisamente el tamaño del morral que carga el que fuera tesorero durante la administración de Humberto Moreira, lo que debe tener a más de dos con el alma en vilo. Cabría suponer que las autoridades estatales se encuentran enfrascadas en una suerte de administración de daños y que analizan qué decir y cómo decirlo, pero es un hecho que cada día que pasa sin dar la cara, es un día que se entrega, totalmente, a la especulación. Es, por decirlo simple, una bola
de nieve que crece y, al menos en términos de percepción ciudadana, hace estragos a su paso.

Dice la vieja conseja popular que a río revuelto, ganancia de pescadores y es precisamente lo que sucede hoy en Coahuila: el río está revuelto y domina el agua turbia.

Con todas las ventanas abiertas, Javier Villarreal García, padre del ex funcionario, exigió a las autoridades mexicanas ir en contra de los demás implicados en el caso, y tomando en cuenta el alud de mensajes que circulan por las redes sociales, es el sentir de una parte importante de la población.

Tampoco es gratuito que el ex gobernador Enrique Martínez y Martínez, aprovechara su visita a Lerdo, en su calidad de Secretario de Agricultura, para mandar un mensaje cifrado. Dijo a propósito del caso Villarreal que la expectativa como coahuilense es que se haga justicia en términos generales y recordó que en su administración Coahuila era el estado más seguro y que la deuda estaba en ceros.

Entonces, ¿si el tema de la megadeuda es tan sensible; si Villarreal es un personaje fundamental de la trama, por qué el silencio; por qué la tardanza en reaccionar, en articular una estrategia mediática de contención?

En fin, lo único cierto a estas alturas del partido es que Villarreal puso en jaque a las autoridades y éstas simplemente no saben cómo reaccionar. Y de especulaciones, versiones y sentires, las que guste, ya que los vacíos siempre se llenan… y eso deberían saberlo las autoridades.
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