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Dalia Reyes
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26 Diciembre 2018 04:00:00
Ahí no
Dos peticiones insistentes realizo cada año cuando se aproximan la Navidad y el Día de Reyes; las gorditas de harina no fueron la cena este 24 de diciembre tampoco y la mañana del 25 tampoco amaneció bajo el pino la ubicación y el santo y seña del lugar llamado “ahí”.

Me extraña sobremanera no conocer a otro individuo humano quien incluya entre sus deseos la revelación de semejante misterio oculto hace miles de años entre las creencias, las palabras y las certezas de nuestra sociedad. El “ahí” -a diferencia del ahora- es resbaladizo y etéreo como el salario mínimo mexicano.

En primer término, tengo claro que “ahí” se apodera de nuestras cosas en cantidades ingentes. El efecto de sus raptos es constante, hasta rutinario; la humanidad, incluso, se ha vuelto insensible al delito cometido y se limita a decir con desgano: “Debe estar por ahí” cuando alguien plañe por su libro, sus anteojos o su elefante. No hay bodegas tan grandes como las de “ahí”.

La respuesta a todas nuestras preguntas existenciales, nuestros empeños como investigadores y las razones culpables de la infelicidad también se encuentran en esa dirección. Si hay un asunto irresuelto, una discusión sin acuerdo, un cierre palmario y desesperanzador es: “Ahí está el problema”; pero dónde es exactamente el sitio, nadie lo sabe, razón por la cual no se localiza la solución.

Algunos iluminados creen conocer jirones de ese sitio asexuado y se extravían en rustas desconocidas tras cerrar la puerta con la frase inquietante: “Andaré por ahí”. ¿En dónde buscaría usted, exactamente, a esa persona?

Otros, dominados por el pavor, se disfrazan de soberbia y aparentan indiferencia, desinterés por dar con el sitio, y usan la frase “Ahí sí que no”. Más allá de la negación matemáticamente afirmativa contenida en el sintagma, antes que aclarar su postura le heredan al receptor del mensaje una inconmensurable incógnita: ¿en dónde no?, y si no esta claro el sitio de la negación, la siguiente pregunta es ¿en dónde sí?

Es muy profunda la duda existencial provocada por una palabra tan pequeña, pero capaz de contenerlo todo, incluso el detalle.

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