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Aida Sifuentes
Aida Sifuentes
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Es originaria de Sabinas, Coahuila. Egresó de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila y actualmente estudia ingeniería civil en la misma universidad. Colaboró en el Centro Cultural Vito Alessio Robles como correctora de estilo, y se ha desempeñado como periodista cultural. Es ajedrecista profesional y lectora por vocación.

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04 Marzo 2018 04:00:00
Ajedrez a la ciega
Las exhibiciones de «ajedrez a la ciega» suelen ser muy populares y atractivas para los aficionados. 

Cada vez, los maestros de ajedrez intentan demostrar sus habilidades de maneras más sorprendentes: de las partidas simultáneas (uno sólo jugando contra x número de tableros al mismo tiempo), luego las simultáneas multitudinarias: 50 o 100 tableros a la vez, a partidas a la ciega y, ahora, son comunes las simultáneas a la ciega.

Un gran maestro se venda los ojos y compite contra 10 ajedrecistas a la vez. Siguiendo el sistema de coordenadas para leer las partidas, el genio sigue el trazo de cada partida en su mente y es capaz de vencerlos a todos. 

Jugar a la ciega requiere -más que habilidades especiales- un gran nivel de entrenamiento para familiarizarse con las posibles posiciones del tablero.

A pesar que el número de movimientos posibles en una partida de ajedrez supera el número de átomos en el espacio, no es necesario preocuparse por memorizarlos todos, porque la teoría del juego ya se ha encargado de demostrar cuáles son las jugadas óptimas para sacar la ventaja.

Alfred Binet (famoso por establecer el factor de coeficiente intelectual) fue un estudioso que dedicó gran parte de su trabajo a comprender el ajedrez a la ciega y su relación con los campos de memoria del cerebro. 

Binet descubrió, mediante un estudio realizado en 1983, que los ajedrecistas que juegan a la ciega no memorizan el tablero como una fotografía, sino la interrelación de las piezas: qué casillas custodian los peones, qué trebejos atacan al rey, posibles saltos del caballo, etc. De tal modo que reconstruyen el tablero como una red. 

Los mismos aficionados podrán darse cuenta de esto, al tratar de narrar la posición de una partida recién jugada «tenía mi peón de c a punto de coronar, pero la torre estaba atacada por el alfil y cuando la moví a f3 me dio un doblete con el caballo y perdí».

Entre mayor sea el nivel de juego del ajedrecista, será capaz de recordar mayores posiciones porque el cerebro las guarda en forma de «patrón», donde las posiciones se repiten recurrentemente con pequeñas variaciones. 

Aunque jugar a la ciega no es válido para rating o torneos oficiales, siempre es entretenido ver una partida de este tipo y también ayuda a mejorar en las partidas tradicionales, por el esfuerzo que representa recordar los patrones.


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