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Juan Latapí
Juan Latapí
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12 Noviembre 2017 03:10:00
Al 99 por ciento de impunidad
HACE 10 AÑOS, CUANDO CALDERÓN declaró su guerra contra el crimen organizado, nadie imaginó los resultados en los que ahora estamos inmersos, mientras el país se desangra de manera vertiginosa y las marcas de violencia aumentan sin parar. El gobierno no sólo ha resultado incapaz de brindarnos seguridad y protección, sino que ahora la sospecha de complicidad se ha ido transfigurando en certeza de que están coludidos con las organizaciones criminales.

LAS CIFRAS DEL INEGI SON apabullantes, cuando muestran que entre 2013 y 2016 hubo 87 mil 778 defunciones por homicidio, 19 mil 355 personas más que en el mismo periodo del mandato de Calderón; y peor aún: de enero a septiembre del presente año iban ya 18,505 homicidios. En pocas palabras, la seguridad pública es un desastre que a todos nos va afectando directa e indirectamente.

EN VEZ DE DISMINUIR, LOS ilícitos van al alza de la mano con el silencio cómplice de las autoridades, desde las desaparición de los normalistas y enfrentamientos como el de Nochixtlán, hasta el continuo robo de los ductos de Pemex, los asaltos a transportes en carretera y a los trenes, los secuestros y las extorsiones, así como la violencia sin fin en el sistema penitenciario y la presencia del crimen organizado y la del no tan organizado. Todo esto ante la complicidad e incompetencia de las autoridades “responsables” de combatir el crimen y procurar justicia.

NADIE EN SU SANO JUICIO puede negar que actualmente se vive una crisis de violencia, de impunidad y violaciones a los derechos humanos. Al respecto, Amnistía Internacional (AI) ha señalado diferentes datos que contribuyen para que esta crisis persista, empezando por los abusos de las autoridades policiacas así como su participación en crímenes sin resolver, en la consabida práctica de la tortura y hasta en ejecuciones extrajudiciales.

También, AI ha señalado como parte de esta crisis las desapariciones forzadas sin resolver, las violaciones sistemáticas a los derechos de los refugiados y migrantes, las agresiones a periodistas y defensores de los derechos humanos, la violencia contra mujeres y niñas, además de la discriminación a la comunidad LGBTI, el ecocidio y la imparable desigualdad.

Y más triste aún es que de poco o nada sirve presentar una denuncia. La impunidad tiene sometida a la legalidad. Basta recordar que la impunidad en México es de 99 por ciento, según lo publicó en agosto pasado la Universidad de las Américas Puebla en el Índice Global de Impunidad. Sin ir más lejos, esta semana, el portal Impunidad Cero dio a conocer que de cada 100 delitos que se cometen en México sólo 6.4 se denuncian; de cada 100 delitos que se denuncian, solo 14 se resuelven. Por ello la probabilidad de que un delito cometido sea resuelto es tan solo del 0.9 por ciento. De este tamaño es la impunidad en nuestro país. http://www.impunidadcero.org/articulo.php?id=49&t=ranking-de-fiscalias-y-procuradurias-estatales-en-mexico

Estos datos, incluidos en una investigación que evalúa el desempeño de todas las fiscalías y procuradurías de justicia de México, precisa que en 17 estados de la República es más probable que una persona que participe en el sorteo Zodiaco de la Lotería Nacional, obtenga doble reintegro acertando a su signo y su dígito (una probabilidad de 0.83 por ciento; uno de cada 120), que un delito que se comete sea esclarecido.

Es de llamar la atención que en la evaluación realizada en dicha investigación la Fiscalía General del Estado de Coahuila ocupa el lugar 23 a nivel nacional. Por cierto, dato muy diferente al que se cacarea a los cuatro vientos en la propaganda oficial, esa misma que presume que vivimos en el paraíso de la seguridad mientras los robos, asaltos, extorsiones, violencia, crímenes y secuestros cada vez nos afectan más, aunque se pretenda hacernos creer lo contrario.

Lamentablemente vivimos bajo el manto de la impunidad, a veces siendo parte de ella o como simples espectadores; impunidad que vemos y comentamos a cada momento y lugar, que nos frustra, nos limita, nos daña y que la vemos tan normal, que la toleramos y dejamos pasar. Impunidad que a veces nos provoca risa y en otras indignación e incluso llanto. La impunidad es parte de nuestro entorno pero eso no significa que así deba ser. Por ello es apremiante dejar ser parte del problema y fomentar la solución, cambiar el peso de la balanza, que seamos más los que creemos en la legalidad que los que pasan por encima de ella. De lo contrario, la crisis de violencia, de impunidad y violaciones a los derechos humanos nos seguirán avasallando sin piedad.

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