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Francisco Tobías
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28 Agosto 2018 04:00:00
Al alma de Amado Nervo
Fue el 27 de agosto de 1870 cuando nació Juan Crisóstomo de Nervo y Ordaz, a quien mejor conocemos por su seudónimo Amado Nervo. Poeta, prosista y diplomático formado dentro del servicio; es uno de los hombres que son parte de la rotonda de personas ilustres en nuestro país.

Como suele suceder en la poesía, Amado le escribió al amor, a la soledad, a la pérdida del ser querido (tras la muerte de Ana Cecilia Luisa Daillez, el amor de su vida) y en una de sus etapas finales le escribió a Jesucristo.

Resulta muy pretencioso escribir en pocos renglones sobre uno de los hombres que trazaron los caminos de la literatura mexicana, pero hay mucho material para escribir, aunque sea algo pequeño sobre él –inclusive de su poesía religiosa–. Alfonso Reyes sobre una parte de su vasta obra expreso lo siguiente:

“Paréceme que consiste su secreto en la percepción de las incongruencias del universo, en el sentido antilogístico de la vida, y es como la huella espiritual que nos deja su paradójica experiencia: la naturalidad del absurdo”.

Entonces el chiste no hace reír, sino meditar; también temblar... el humorismo es así un maridaje afortunado de prudencia y locura (…)”

Alfonso Reyes, quien fue su gran amigo en Europa, fue su editor en gran parte de sus textos. Al final de cuentas fue el principal círculo y quien mejor sabía sobre él.

Amado Nervo de joven, tuvo formación religiosa, después fue pagano, fue ateo, algo a lo que él en algún momento llamó, un extravío necesario.

Finalmente, Amado Nervo al final de su camino, se dejaría atrapar por Cristo, a quien andaba buscando de maneras misteriosas: “has hecho mi corazón para Ti, y no descansará hasta que descanse en Ti” fustigó en una de sus letras.

En su precariedad física y en el final de sus días, rompiendo el círculo de sus amigos que no querían que entrase sacerdote alguno, arribó un Padre Jesuita a las tierras del cono sur en América, sintió el malestar de los que se encontraban con Amado, a lo que ofreció retirarse, Amado respondió: “¡que entre, que entre el padre!”.

Desde Montevideo, su cadáver fue conducido a México por la corbeta Uruguay, escoltada por barcos argentinos, cubanos, venezolanos y brasileños. A su llegada a México, se le tributó un homenaje sin precedentes.
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