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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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05 Junio 2018 04:00:00
Aliado incómodo
La CNTE está envalentonada. Como tantas veces en el pasado, comenzó el 28 de mayo un paro indefinido en Oaxaca. Ayer suspendió actividades en Guerrero y Michoacán y movilizó a maestros a la Ciudad de México para nutrir cuatro manifestaciones que buscaban hacer el máximo daño posible a los capitalinos.

Las amenazas de descuentos de nómina y despidos a los maestros faltistas han tenido mayor efecto que cuando la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación controlaba el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca y las sanciones no se aplicaban. La información disponible sugiere que un 92% de los maestros sí se presentaron en las aulas de Oaxaca en los primeros días del paro. Eloy López Hernández, secretario general de la Sección 22, me dijo ayer que esto es falso, pero no respondió cuántas escuelas están paradas. Sí dijo que el movimiento cuenta con un amplio respaldo de maestros y padres de familia y ha tenido la capacidad de bloquear carreteras y el aeropuerto de Oaxaca.

La CNTE no estaba derrotada antes de la campaña electoral, pero sí había sufrido un retroceso importante por las sanciones contra maestros faltistas. Aunque en el pasado los maestros oaxaqueños eran castigados si no participaban en movilizaciones políticas, hoy la sanción se aplica si dejan de asistir a clases.

Los dirigentes de la CNTE, sin embargo, perciben una gran oportunidad en el actual momento político. Andrés Manuel López Obrador está adelante en las encuestas y ha prometido cumplir todas las exigencias de la agrupación, empezando por la cancelación de la reforma educativa. Los líderes piensan que cualquier despido que sufran los maestros que no se presenten a trabajar será revertido por López Obrador cuando llegue al poder.

Andrés Manuel ha suavizado muchas de sus propuestas. Ya no dice que va a echar para atrás la reforma energética y cancelar los contratos con petroleras privadas. Tampoco quiere ya cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, habiendo sugerido, de hecho, que podría concesionario a empresas privadas. En la reforma educativa, sin embargo, ha mantenido firme su posición. Sus alianzas con la CNTE y con Elba Esther Gordillo sugieren que está dispuesto a entregar nuevamente el control de la educación a los líderes magisteriales.

La alianza con la CNTE, no obstante, puede resultar costosa. Las movilizaciones han tenido un costo muy elevado para los ciudadanos. Muchos padres de familia de Oaxaca se sienten agraviados por unos líderes que han dejado a sus hijos sin clases año tras otro. El único resultado práctico de los paros y marchas ha sido fortalecer la educación privada en uno de los estados más pobres del país. Los bloqueos de carreteras, del Centro Histórico de Oaxaca y del aeropuerto local han tenido también costos muy elevados; explican, de alguna manera, el triunfo del priista Alejandro Murat en las elecciones de Oaxaca de 2016.

La CNTE es una organización muy estructurada y con claros fines políticos. Si López Obrador piensa que puede controlarla, comete el mismo error de Gabino Cué, quien en 2010 ganó el gobierno de Oaxaca en una alianza PRD-PAN con el respaldo de la Sección 22 sólo para pasarse el sexenio huyendo del acoso del sindicato.

Por lo pronto los paros, movilizaciones y bloqueos de la CNTE no ayudan al candidato de Morena. En un momento en que Andrés Manuel busca promover una imagen de moderación, los actos de este aliado incómodo no hacen más que revivir la leyenda negra que lo ha rodeado.

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