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Leopoldo Ramos
Leopoldo Ramos
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23 Octubre 2016 04:09:00
Alternancia
El Partido Acción Nacional está en su mejor momento en Coahuila. Se ha escrito que nunca como ahora tiene posibilidades de ganar la Gubernatura en el estado “más priista” de México, como lo calificó el ahora gobernador Rubén Moreira Valdez cuando estuvo al frente de la dirigencia estatal del PRI. Hay encuestas que respaldan esa teoría. Una de ellas, supuestamente elaborada por la dirigencia nacional del propio PRI con datos a octubre, muestra cómo con el tiempo se cierra la brecha de las preferencias electorales entre PRI y PAN: 34.7-26.4 en julio; 32.9-26.8 agosto; 30.8-27.7 septiembre y 30.7-28.03 octubre.

También queda claro que la disputa el 4 de junio de 2017 será entre PRI y PAN, pues los otros 14 partidos con posibilidad de participar suman entre todos acaso 21 puntos en la intención del voto. Morena, por si sólo y en tercer lugar en la lista, tiene 5.84.

Puntos a favor del PAN: el sentimiento anti PRI va en ascenso en todo el país; la pésima imagen presidencial que emite Enrique Peña Nieto, los abusos en gobiernos estatales como el de Veracruz y el buen ánimo que significó el triunfo en ese estado, además de Durango, Chihuahua y Tamaulipas, donde el PRI nunca antes había sido derrotado.

Pero la política es coyuntural y por ello todas las elecciones son distintas y nada de lo anterior es suficiente para que el PAN redoble campanas y tampoco para sentarse a ver cómo el PRI aventará la toalla y pedirá cuartel.

Ernesto Ruffo, el primer gobernador de oposición en México (Baja California 1989-1995), describió cómo la victoria en esos cuatro estados fue inesperada para la cúpula panista. “Nos sorprendió. No ganamos por ser buenos, sino por ser los menos peores”, dijo a quien esto escribe en entrevista para Grupo Zócalo.

“A todos nos sorprendió el resultado del 5 de junio, hasta el PAN, y quien decidió el resultado fue la ciudadanía, la gente. En el mismo PAN esto fue sorpresa. Calculamos que íbamos a ganar tres (gubernaturas) y ganamos siete (...) al final de cuentas se trata de confianza, de generar esperanza, de un liderazgo que debe inspirar, por eso el que gana es quien más logra concitar esa confianza y puede lograr una mayoría electoral”. (http://www.zocalo.com.mx/seccion/articulo/somos-los-menos-peor-1468047332).

Ahora bien, las condiciones de Coahuila no son las de Durango, Veracruz, Chihuahua o Tamaulipas. El tema de la deuda se administró y si bien el Gobierno no termina de explicar lo que ocurrió y tampoco castiga a los responsables, algo prioritario para su buena imagen, es decir las finanzas públicas, son dinámicas, con obra e inversión, aunque quizá no del tamaño que muchos esperarían; el sistema de pensiones para los burócratas está garantizado y los servicios públicos funcionan.

Cierto, en torno al endeudamiento bancario que heredó la administración pasada, “megadeuda”, término preferido para efectos mediáticos, hay más dudas que claridades y la impunidad está vigente. Hasta ahora la Administración actual queda a deber en eso.

Las condiciones de inseguridad y violencia de Coahuila tampoco son las mismas que las de los estados donde el PAN ahora es gobierno o dentro de poco lo será. Acá la violencia se contuvo a sangre y fuego y si bien los robos, extorsión y por momentos el secuestro son delitos que ahora parecen fuera de control, ya no hay tiroteos en las calles, afuera de las escuelas. No es que la ciudadanía deba estar agradecida a las autoridades, pues su trabajo es generar condiciones de vida, pero la realidad de esta entidad es distinta. Basta echar un vistazo a Tamaulipas.

En síntesis, aún cuando parece que los astros se le alinean, el PAN necesita mucho más que el buen ánimo y la coyuntura para ganar en Coahuila, un estado donde el PRI tiene la estructura más funcional.
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