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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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27 Febrero 2017 04:01:00
Alternancia, ¿hacia dónde?
Coahuila se prepara para las elecciones más competidas de su historia. Las condiciones son propicias para la primera alternancia en el estado. A escala municipal, el cambio de siglas partidistas empezó en 1979, en Monclova, donde el empresario Carlos Páez Falcón (PAN) derrotó al líder magisterial Miguel Vargas Ortiz (PRI). De entonces a la fecha, las principales cabeceras han sido gobernadas por partidos distintos al PRI, en la mayoría de los casos por el PAN, segunda fuerza política en la entidad; la tercera es Unión Democrática de Coahuila (UDC).

El PRI jamás había acumulado tanto desgaste para unas elecciones como las del 4 de junio próximo. El desfondamiento podría ser incluso peor que el de 1996, cuando perdió los principales municipios y la mitad del Congreso local, en el gobierno tecnocrático de Rogelio Montemayor, por su alejamiento de la sociedad y la imposición de malos candidatos. Los gobiernos de los hermanos Humberto y Rubén Moreira han contribuido en gran medida a preparar el ambiente para que el poder lo ocupe el PAN, según proyectan las encuestas.

Sin embargo, la participación de Armando Guadiana, de Morena, y de Javier Guerrero, candidato independiente, brinda a los coahuilenses la oportunidad no sólo de terminar con un ciclo de 88 años de hegemonía priista, sino de orientar la alternancia fuera del bipartidismo dominante en el estado. No es fácil, pues las estructuras del Gobierno estatal, del PRI y las delegaciones federales tienen la consigna de obtener la mayor cantidad de votos para su candidato Miguel Riquelme, el favorito de Rubén Moreira desde el principio de su gestión. Irónicamente, en esa fuerza radica también su principal debilidad, por el deterioro del Gobierno, los agravios acumulados y el malestar social creciente por la corrupción, la impunidad, los gasolinazos y la inseguridad.

Guadiana cobró relevancia por plantar cara a los hermanos Moreira. Primero por la megadeuda de 36 mil millones de pesos, herencia de Humberto, y después por la ley antitaurina, las matanzas en Allende y en el penal de Piedras Negras, las empresas fantasma y otros escándalos, los cuales denunció en la Corte Penal Internacional y en la PGR. En principio perfiló una candidatura independiente, pero las desventajas y los riesgos de participar bajo esa figura, por la animadversión del Gobierno, le hicieron cubrirse con las siglas del Movimiento de Regeneración Nacional. El liderazgo de Andrés Manuel López Obrador le ha dado a Morena una fuerza extraordinaria –ayudado por el desprestigio de los partidos tradicionales (PRI, PAN y PRD) y el descrédito del presidente Peña Nieto–, al grado de encabezar la intención de voto para las elecciones presidenciales del año próximo.

Javier Guerrero fue el único en tomarle la palabra al líder del PRI. En una gira por Torreón, el pasado mes de octubre, Enrique Ochoa exhibió falta de oficio e ignorancia de la realidad política del estado. Molesto por la ausencia de cuadros valiosos, llamó chantajistas a quienes, en su partido, demandaban equidad en la contienda para nombrar candidato al Gobierno local. Guerrero esperó el tiempo prudente, pero el PRI no rectificó. En diciembre renunció a su militancia y se puso de lado de la sociedad para buscar convertirse en el primer gobernador de Coahuila sin partido. Una decisión congruente, valerosas y apreciada por miles de ciudadanos. La elección está hoy menos resuelta que nunca. Alternancia, sí, ¿pero hacia dónde? Esa es la cuestión.
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