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Rafael Loret de Mola
Rafael Loret de Mola
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Rafael Loret de Mola Vadillo (Tampico, Tamaulipas; 25 de octubre de 1952). Periodista y escritor mexicano, conocido por ser uno de los más serios críticos del sistema político mexicano. Sus libros, muchos de los cuales han sido best-sellers, contienen información confidencial sobre numerosos actores políticos de México. Jamás ha sido desmentido públicamente.

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14 Enero 2018 04:00:00
» ‘Alteza Serenísima’
Hace tres años, en Guadalajara, con motivo de la Cumbre de Negocios, una joven universitaria, Bianca Patricia Treviño, designada para leer un discurso preelaborado, formal, oficial y siguiendo los protocolos optó por salirse de ellos, se aferró al podio con cierto nerviosismo y comenzó a improvisar una alocución cargada de reproches al gobierno de México por la evidente negligencia del mismo en torno a la generación de riqueza, de empleos y destinos a cambio de buscar fotografías fáciles con los damnificados de los desastres naturales, los niños triquis que asombraron a la opinión pública ganando un torneo mundial de baloncesto jugando con los pies descalzos, o animando a la “primera dama”, Angélica Rivera Hurtado –sobrina del expresidente miguel de la madrid hurtado, en minúsculas, por cierto-, para donar sus órganos en un gesto en lo que lo más representativo fue el gesto de la señora, sonriente pero con una profunda tristeza y la mirada perdida como si algún agobio personal le hubiese carcomido por dentro. Llevamos, insisto, dos años... la historia no comenzó en Ayotzinapa.

Y es natural que así sea. ¿Cuántas veces hemos insistido en que la vida privada de los hombres públicos y las mujeres que ejercen la política debe ser ventilada cuanto tienen consecuencias en el ámbito público y modifican parte o todas las líneas generales? Un mandatario que sale de la residencia oficial a disgusto por confrontar disputas familiares, de menor o mayor calado, reclamos o reproches, incluso incapacidad para serenarse en la intimidad por la angustia de no saber encaminar la nave de la República –la terrible soledad del poder, un lugar común que tantas veces ha sido justificante-, no puede hacerlo con la mente fría y la serenidad necesarias para ponerse al mando del timón.

Son pocas, poquísimas, las oportunidades que tiene el mandatario en ejercicio para medir el pulso de su real popularidad más allá de los cantos de sirena que escucha en cada momento. El genocida Díaz Ordaz, quien podría haber sido un magnífico presidente si la soberbia no le hubiera cegado en aquel segundo semestre de 1968, solía expresar que los mejores días, para él, era aquellos cuando no salían los periódicos, por los días festivos, y podía evitar así la lectura de información crítica o medianamente contraria a las líneas por él señaladas. ¡Y lo decía cuando el control de los medios, específicamente los llamados “nacionales” porque se editan en la capital del país como si solo importara lo que en ésta se piensa, era casi total, con muy escasas excepciones e insana actitud represiva contra los directores de medios disidentes o en abierto desafío! Los testimonios sobre ello son numerosos.

Por todo ello, las palabras de Bianca Patricia calaron hondo en un auditorio que pretendió suavizar las tensiones con una breve ovación destinada a que se callara mientras el maestro de ceremonias intentaba retirarle los micrófonos, lacayuno y desesperado. Frente a ella, el presidente Peña, incómodo ante los representantes de diversas economías en el mundo, pretendió mostrarse imperturbable pero no pudo evitar una palidez que creció tanto como los rumores sobre los males físicos que le aquejan y hacen subir los decibeles a los llamados de Andrés Manuel López Obrador sobre la posible crecida de su causa, esto es la conquista del poder para una izquierda radicalizada pero formada ahora por los desechos sólidos del PRI incluyendo a no pocos antiguos represores –monreal, bartlett, salazar mendiguchía y otros apellidos que deben también escribirse con minúsculas por cuanto a sus historias negras-, justificados por el gran icono de un sector –léase, UN SECTOR- de la izquierda fraccionada bajo la falacia de que el pasado quedó atrás... como el himno priísta escrito por el propio tabasqueño cuando fungió como presidente de este partido en su natal entidad. Es decir, como suelen alegar los fascistas españoles, de nada sirve la memoria histórica.

El mismo criterio, sí, de quienes, franquistas amargados por la repulsa histórica a los crímenes de quien fue llamado “el caudillo” con una petulancia similar a la de nuestra “Alteza Serenísima”, Santa Anna, uno de los tres antihéroes mayores de la patria al lado de Victoriano Huerta Márquez y Agustín de Iturbide –el último también con inclinaciones imperiales como las que pretendieron los conservadores del siglo XIX, esto es la derecha en su conjunto, al ofrecerle el territorio patrio a un príncipe extranjero, el apátrida Maximiliano, el enajenado barbado de Miramar, la supuesta “corona” de México, inexistente en la historia y en la lógica política de todos los tiempos-.

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