×
David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
ver +

" Comentar Imprimir
14 Noviembre 2016 04:00:00
Altruismo: el bien ajeno aun a costa del propio
Era noviembre del año 1996, entonces había sido electo presidente de la sociedad de alumnos de la Secundaria Técnica no. 2 en Sabinas, Coahuila, la tierra de mi papá. Tenía 14 años. Un grupo de amigos y yo coincidimos en la inquietud de realizar una actividad para llevar un regalo con motivo de la Navidad a niños y familias de escasos recursos económicos. Hicimos así el primer Kilómetro del Juguete, el cual dirigí. La idea no fue mía, sino de la profesora Teresa Velázquez, a quien agradeceré siempre su solidaridad durante aquellos años. En 1998 llegué a vivir a Saltillo, en donde he tenido la fortuna de encontrarme y estrechar lazos con personas cuya vocación ha hecho posible que, desde entonces, realicemos esta actividad en la capital de Coahuila. Las ganas de ayudar de un grupo de estudiantes de secundaria y el entusiasmo de su maestra se conjugaron para dar forma a una actividad altruista que se ha mantenido por 20 años.

Según el diccionario (RAE, 2016) “altruismo” es “diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio” y “fenómeno por el que algunos genes o individuos de la misma especie benefician a otros a costa de sí mismos”. El altruismo o el desprendimiento de lo propio en beneficio de alguien que lo necesita, por lo general, más que quien lo posee, tiene diversas causas –dependiendo de la teoría desde la cual pretenda explicarse–, que van desde las de tipo genético, sociológico y antropológico, hasta las de índole espiritual, religioso y axiológico. Las costumbres familiares, el entorno social, el contacto escolar y ciertas experiencias de vida, determinan el grado de altruismo de una persona, el cual siempre es posible elevar.

De acuerdo con la psicóloga María Teresa Esquivias (UNAM), “dentro de los valores universales humanos, el altruista es uno de los más loables y es una actitud muy similar a la solidaridad que también hace el bien a los otros”. El altruismo y la solidaridad pueden ser señalados, asumidos y/o exigidos como una convicción, un deber, una obligación o simplemente algo que conviene practicar.

En términos de la teoría del contrato social (J. J. Rousseau), según la cual las personas han pactado determinadas reglas que las obligan entre sí a fin de asegurar su conservación, cada ciudadano no es “nada” sino ayudando a los demás, y la suma de sus fuerzas, las de todos, se potencia en beneficio de cada uno. La Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), instrumento normativo de fuerza moral, pero de trascendencia jurídica sin igual, comienza (Artículo 1) por consignar que todos los seres humanos “deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”, lo que significa con afecto y, por ende, con actitud altruista o solidaria.

En un mundo con sociedades tan desiguales y cada vez más materializadas, el altruismo se presenta como una herramienta muy valiosa para la “humanización”. Esto es así porque realizarlo conlleva, entre más, la posibilidad de generar conciencia sobre la importancia de la igualdad material entre todas las personas; de dimensionar y revalorar los bienes (tangibles e intangibles) que se tienen; de generar sentimientos, emociones y estados de ánimo positivos; de compartir con los demás algo que, aunque no resuelva de fondo una circunstancia o un problema, les ayude a enfrentarlos y superarlos, y, lo más importante, la posibilidad de identificarse a sí mismo y de sentirse bien, identificándose con “los otros como yo” y haciéndolos sentir bien. El altruismo es útil para todos: para quien lo practica, para quien lo recibe y para quien lo atestigua.

El altruismo ha tenido un impacto muy grande en mi vida. Ha influido muchas de las decisiones más importantes que he tomado: en mi profesión, mi ocupación y hasta en quienes son mis amigos. En el altruismo he encontrado una fuente inagotable e incondicional de satisfacción, inspiración, sentido de vida y seguridad para crecer en lo personal y laboral. Aunque siempre intento tener claras mis metas y trabajo para cumplirlas, no tengo certeza del lugar en el que estaré en 5, 10 o 20 años; de lo que sí, es de que seguiré haciendo lo que más me gusta, actividades altruistas.

No estoy seguro de que ayudar voluntariamente a los demás nos convierta en personas más buenas (nunca ha sido mi propósito), pero no tengo duda de que nos permite evolucionar y ser mejores. Por eso, porque me constan los beneficios del altruismo, no puedo más que recomendar que lo practiquen, en pequeño o en grande, de forma anónima o pública, con conocidos o desconocidos, como sea, pero que lo practiquen.

Este año por supuesto no será la excepción. El sábado 10 de diciembre llevaremos a cabo esta actividad y, como siempre, los estaremos invitando a donar y a ser parte de la inolvidable experiencia de entregar los donativos, de regalar sonrisas en Navidad.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2