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Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre
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Es un escritor y periodista nacido el 8 de julio de 1938 en Saltillo, Coahuila, México, siendo hijo de Mariano Fuentes Flores y Carmen Aguirre de Fuentes. Es famoso por su humor, el que ha plasmado en su obra escrita. A los quince años de edad obtiene la licencia de locutor de radio. Abogado por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, es maestro en Lengua y Literatura, así como maestro en Pedagogía, por la Escuela Normal Superior de Coahuila.

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05 Noviembre 2010 04:10:41
América
Don Languidio, señor de edad madura, les dijo a sus amigos de café: “Ayer disfruté una noche de placer”. Los otros se asombraron: No olvidemos que ese grupo recibe el nombre de “Los Minifaldos”, pues quienes lo integran, añosos caballeros todos, están a cinco centímetros del hoyo. Le preguntaron a don Languidio: “¿De veras disfrutaste una noche de placer?”. “Sí -confirma el valetudinario-. En toda la noche no me levanté para ir al baño”. América es un continente. Eso se sabe en todo el mundo, menos en Estados Unidos. Ahí América es Estados Unidos, y viceversa o al revés volteado. Lo dice ese himno, “God bless America”, que hubimos de escuchar, machaconamente repetido en versiones diferentes, durante la transmisión de la Serie Mundial de Béisbol. En las actuales circunstancias ese canto no es una declaración de amor: Es una declaración de guerra. Se entona en homenaje “a nuestras fuerzas armadas”, ocupadas todavía en una campaña ya perdida, como la de Vietnam.

¿A dónde irán próximamente esas fuerzas armadas, que deben mantenerse activas y en combate para que la economía norteamericana -una economía de guerra- no sufra un colapso y se desplome? Y otra pregunta: ¿Cuál es la capital de Dakota del Sur? Tan poderoso país es el del norte que puede apropiarse hasta de las palabras. Tomó para sí la voz “América” y la volvió su nombre, con exclusión de las demás naciones que forman este continente. También alteró el sentido de aquella canción, “God bless America”, e hizo de ella un himno belicista. Dios bendecirá en verdad a los Estados Unidos cuando las guerras a que ese país se lanza de tiempo en tiempo sean sustituidas por la paz, y cuando en los estadios de béisbol vuelva a cantarse aquella entrañable canción, “Take me out to the ball game”, que unía a quienes la cantaban en un fraternal sentimiento de alegría, no de nacionalismo belicoso y de supremacía imperial.

¡Qué bruto, insensato columnista! Si hace unos días cimbraste con tus palabras al Capitolio y a la Casa Blanca, ahora cimbrarás al Pentágono también! Deja de lado tus filípicas y narra un chascarrillo final que devuelva el sosiego a la nación vecina. Doña Panoplia, dama de la alta sociedad, solía pasar las vacaciones con su esposo en la finca rural de la familia. En aquella ocasión todo iba bien, hasta que la robusta campesina que atendía las labores de la casa anunció que se iba a retirar, pero que su lugar sería ocupado por su hija. La tal hija resultó ser una guapa moza en flor de edad, poseedora de exuberantes atributos tanto en la parte pectoral como en aquella que le servía para sentarse. Pocos después de la llegada de la chica -que dormía en el cuarto de servicio-, el marido de doña Panoplia le dijo a su consorte que a partir del día siguiente se levantaría a las 5 de la mañana, pues iría a pescar truchas en el río que atravesaba la propiedad, y esa pesca se hace antes de que raye el sol. Doña Panoplia entró en sospechas: Jamás su esposo había tenido inclinaciones piscatorias, y no salía de la cama sino hasta la hora en que ya había caldo en las fondas del pueblo.

Sospechó que lo que hacía el hombre era ir al cuarto de la criadita a refocilarse con ella en actos pecaminosos de fornicación. Así, un día que su marido tuvo que ir a la ciudad, doña Panoplia le dijo a la muchacha: “Ve a dormir hoy a tu casa, Mary Thorn, y no vengas mañana”. Regresó en la noche el señor. Poco antes de las 5 de la mañana doña Panoplia fue al cuarto de la criadita y se acostó en la cama de la chica. Sus temores se vieron confirmados cuando una sombra entró por la ventana de la habitación. Se metió en el lecho la tal sombra y le hizo el amor a doña Panoplia en forma apasionada. Jamás había sentido ella tales deliquios de placer. Varias veces llegó al éxtasis de la plenitud sensual. Acabado el trance, doña Panoplia no se pudo contener, y clamó con voz enfebrecida: “¡Otra vez! ¡Otra vez!”. “Regresaré mañana, linda -le respondió la sombra-. Ahora no puedo quedarme, porque debo entregar el pan en otras casas”. FIN.
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