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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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18 Diciembre 2017 04:08:00
AMLO: ¿opción de cambio?
Las alternancias fallidas entre el PRI y el PAN y el repudio ciudadano hacia los partidos tradicionales explican por qué Andrés Manuel López Obrador (AMLO) encabeza la intención de voto y es visto por muchos mexicanos como la opción de cambio real en las elecciones presidenciales del año próximo. Así lo confirman las encuestas incluso tras el anuncio de la precandidatura de José Antonio Meade, acto desesperado del PRI, más que jugada maestra, para tratar de retener el poder otros seis años, después de los déficits del actual gobierno en materia de finanzas, justicia y seguridad, pero sobre todo en el combate a la corrupción.

Morena es un partido nuevo –su registro data del 9 de julio de 2014-, mas no su fundador y líder (AMLO), antiguo militante del PRI y segundo jefe de Gobierno de Ciudad de México por el PRD. El PRI y el PAN se han encargado de estigmatizarlo, muchas veces con sus propias armas, pero después de las elecciones de 2006, cuando la diferencia entre él y Felipe Calderón fue menor de 0.62%, y del sexenio de Enrique Peña Nieto, a quien afrontó en 2012, la actual campaña contra el tabasqueño vuelve a confirmar que es el más avanzado en la carrera hacia Los Pinos.

AMLO lideraba también las encuestas en las dos elecciones presidenciales previas, pero en las urnas el resultado fue otro. Sin embargo, la victoria de Calderón resultó más sospechosa que la de Salinas de Gortari en 1988 cuando se interrumpió el conteo de votos que perfilaba a Cuauhtémoc Cárdenas como el primer presidente de izquierda después del neoliberalismo implantado en el gobierno de Miguel de la Madrid, el cual favoreció a unos pocos en perjuicio de la mayoría de los mexicanos.

En los comicios de 2012, Peña aventajó a AMLO por un margen de 6.6% (19.2 millones de votos contra 15.8 millones), pero esta vez el PAN se traicionó a sí mismo y a su candidata Josefina Vázquez Mota. Vicente Fox no tuvo empacho en apoyar a Peña Nieto –como ahora lo hace con Meade– y Calderón optó también con el enemigo histórico del partido fundado por Manuel Gómez Morín, acaso para comprar protección dentro y fuera del país por su sexenio de sangre y de violencia, cuya espiral se ha vuelto a repetir en la presente Administración.

Fox y Calderón no fueron los únicos aliados del PRI en 2012. Las grandes televisoras, los gobernadores del PRI y otros grupos de poder inclinaron la balanza hacia Peña con la aquiescencia del Instituto Nacional Electoral y el aval del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. La campaña del candidato del PRI excedió en mucho el tope autorizado. Es decir, se cuidó no repetir la crisis poselectoral de 2006, pero se recurrió al dinero para evitar el ascenso de López Obrador a la presidencia. Ahora el PRI, con el apoyo de algunos sectores del PAN –nuevamente Fox y acaso también Calderón–, participará en las elecciones de 2018 con un candidato externo para tranquilizar al país y al gran capital y decirles que Meade es el antídoto contra el populismo.

Sin embargo, las capas donde Meade tiene presencia son muy delgadas: grupos de poder económico, la alta burocracia, los cacicazgos del PRI y los empresarios, no todos. La base electoral de AMLO la conforman millones de mexicanos agraviados por los tres últimos gobiernos federales, una clase política predadora, una corrupción galopante y una presidencia cuyo miedo a la sociedad y al futuro le hacen incurrir en los peores excesos. El 1 de julio próximo se verá si realmente México ya cambió.
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