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05 Julio 2018 04:07:00
AMLO, totalmente Palacio
En estos días todo es histórico. Después del histórico triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales, ya resulta histórico hasta comerse un elote con mayonesa, chilito y queso, pues es el primer elote con mayonesa, chilito (del que pica) y queso. Vivo en un país donde la moda en este momento es hacer historia. Y hay quienes hacen historia tomándose selfies festejando hasta las lágrimas el resultado de las elecciones. Hay quienes hacen historia, como Lady Champagne, la senadora electa Alejandra León, poniéndose hasta la madre e insultando a sus rivales, sabiendo que ya ganaron y van a llegar al Senado y se van a hacer millonarios. Es por eso que hay que tener mucho cuidado en estos días, pues si cometes una pendejada, será una pendejada histórica. En medio de este contexto fue la histórica –otra vez esa palabrita– reunión que tuvieron López Obrador y Enrique Peña Nieto en el mismísimo Palacio Nacional. La última vez que los vi juntos fue en una pesadilla que tuve hace tres semanas luego de cenar 12 tacos de suadero, pero con Coca Light.

Resultaba realmente sorprendente verlos a ambos ahí, no en una pesadilla, sino en la realidad. Una persona que es muy inteligente me dijo: “hasta parecen personas civilizadas”. Y sí lo parecían, aunque en realidad eran Peña y AMLO.

El encuentro transcurrió con mucha cordialidad y cortesía, pero hasta ahora no se sabía qué fue lo que realmente hablaron esos dos. Hasta ahora. Esta columna siempre tan bien informado te trae hoy, en exclusiva, el diálogo real y auténtico entre el Presidente de México y el virtual mandatario electo. Esto fue lo que dijeron:

-Pásale, Andrés, siéntete como en tu casa.

-Puej, sí, de hecho, sí. Esta va a ser mi casa.

-¿Que no vas a vivir en Los Pinos?

-Puej no. No, císcale, císcale, diablo panzón.

-No, Carstens ya no trabaja con nosotros.

-No, me refiero a que yo jamás aceptaría vivir en la sede de la mafia del poder.

-Ahí va la burra al trigo.

-No, no, amor y paz. Mejor cuéntame, ¿cómo andan las cosas por aquí?

-Pues mira, este es el salón de embajadores. Cuando asumí la Presidencia era la cantina personal de Calderón. ¡No sabes! Parecía un pub inglés con su barra de caoba, sus sillones de cuero y una dotación como de mil 500 botellas. Pero no creas que llenas, ¡puros chorritos!

-¿Y es caro el predial? Porque yo voy a ganar menos que tú. La mitad si se puede.

-Pues no te sabría decir, porque yo no lo pago. Pero lo que sea, ¡lo vale! Sobre todo cuando es noche del Grito de Independencia, tienes la mejor vista de todo el mundo.

-Oye, Quique, ¿y dónde venden tamales?

-Ah, mira, pues aquí afuera se pone “El Jarocho” y los de rajas le quedan de rechupete. Hasta pa’ curarte la cruda sirven.

-Yo no tomo alcohol.

-No, nada más Paseo de la Reforma.

-’Ora, ‘ora. Sin mancharse, que ya somos amiguis. Oye, pero esta construcción es muy vieja. ¿No espantan?

-Hay fantasmas en algunos salones, por ejemplo en aquella biblioteca se aparece el alma de Gustavo Díaz Ordaz.

-¿A poco tenía alma ese desgraciado?

-No, por eso se aparece hasta ahora. Pero, bueno, en realidad aquí no son los fantasmas los que espantan.

-¿Entonces quiénes espantan?

-Los problemas del país. Espérate a que seas Presidente y no me puedas echar la culpa de nada, cabrón. ¡Me vas a extrañar!

¡Nos vemos el martes!
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