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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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29 Agosto 2018 04:00:00
AMLO y el TLCAN
Andrés Manuel López Obrador, como todos los miembros de la izquierda en la década de 1990, se oponía al Tratado de Libre Comercio. Era una reacción automática. López Obrador afirmaba, como muchos, que el acuerdo destruiría al sector agropecuario mexicano.

Su posición cambió, sin embargo, antes de lo que muchos recuerdan. Si bien como jefe de Gobierno de la Ciudad de México todavía pedía que se suspendiera la apertura en los mercados agropecuarios, en 2005, cuando preparaba su primera campaña a la Presidencia, ya no rechazaba el TLCAN. El 24 de mayo de 2005 le dio una entrevista al Financial Times en la que le dijo que no sacaría a México del TLCAN, sino que “haría valer nuestros derechos dentro del tratado”. Ya en ese entonces estaba buscando distanciarse de las políticas radicales del venezolano Hugo Chávez.

Muchos de los seguidores de López Obrador mantuvieron el rechazo al TLCAN. Para ellos el libre comercio sigue siendo inaceptable. Son los mismos que siguen manteniendo que Venezuela o Corea del Norte son los ejemplos que debe seguir México para descartar el “neoliberalismo”.

López Obrador sostiene una posición completamente distinta. El nuevo acuerdo comercial, dijo “da estabilidad económica y financiera. Estamos satisfechos porque quedó a salvo nuestra soberanía. México se reserva el derecho de reformar su Constitución, sus leyes en materia energética. Y quedó asentado que el petróleo y los recursos mexicanos pertenecen a nuestra nación. Pusimos el énfasis en defender la soberanía nacional en el tema energético y se logró”.

La verdad es que el TLCAN nunca ha restringido decisiones soberanas como la posibilidad de reformar leyes internas. Tampoco ha cuestionado el concepto mexicano de que la nación (o el Gobierno) es dueña de los recursos del subsuelo. Pero para López Obrador era importante justificar la aceptación de un tratado de libre comercio que la izquierda ha rechazado por razones ideológicas desde su primera negociación.

La experiencia nos dice que los políticos buscan el poder con posiciones radicales, las cuales llaman la atención de los medios y de muchos grupos dentro de la población. Los gobernantes responsables, sin embargo, suelen asumir posiciones más moderadas una vez que tienen el poder. Felipe González, el socialista que fue presidente del Gobierno español de 1982 a 1996, decía que al gobernar había aprendido “a pasar de la ética de los principios a la ética de las responsabilidades”. Por eso impulsó reformas de mercado. Hugo Chávez y Nicolás Maduro, en cambio, mantuvieron las políticas radicales que han despedazado no solo la economía sino la democracia en Venezuela.

En repetidas ocasiones López Obrador ha indicado que piensa mantener una trayectoria moderada y que entiende el funcionamiento del mercado. Da la impresión de que quería que el nuevo acuerdo lo firmara Enrique Peña Nieto, a quien Donald Trump llamó “el capitalista”, y no él como presidente de izquierda, pero el hecho es que López Obrador no puso ningún obstáculo a la renegociación. Recuerdo el caso de Bill Clinton, que en 1992 hizo campaña contra el TLCAN solo para firmarlo en 1993. Y ahí está Donald Trump, quien prometió poner fin a Nafta, pero que hoy aplaude un nuevo acuerdo que preserva en buena medida el libre comercio.

Los políticos están acostumbrados a buscar el poder con posiciones radicales; pero gobernar es, por naturaleza, un arte de moderación, de conciliación de asimetrías. Esto parece entenderlo López Obrador.

BLOQUEOS

Con todo lo que ha sufrido Oaxaca por los bloqueos para que ahora el gobernador priista Alejandro Murat se dedique a bloquear la lateral del periférico de la Ciudad de México. En México siempre hay que agredir a inocentes.
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