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Ricardo Raphael
Ricardo Raphael
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Licenciado en Derecho por la UNAM. Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración (ENA) de la República Francesa. Estudios Doctorales en Economía Política y Políticas Comparadas por la Escuela para Graduados de Claremont, California, EU. Secretario General de Democracia Social, Partido Político Nacional. Representante ante el Consejo General del IFE del partido México Posible. Coordinador de la Comisión Ciudadana de Estudios para Eliminar y Prevenir la Discriminación. Actualmente es profesor afiliado a la División de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Conductor del Espiral, programa de análisis político dominical del Canal 11. Analista Político cotidiano del Noticiero Enfoque de Núcleo Radio Mil. Analista semanal del noticiero nocturno de Proyecto 40. Co-conductor del programa Claves, también de Proyecto 40. Integrante de la mesa editorial de la Revista Nexos. Miembro del Consejo Consultivo de Conapo. Cuenta con diversas publicaciones en temas relativos a: La transición democrática. La función pública. El sistema de partidos. Los derechos. La ciudadanía.

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07 Diciembre 2017 04:00:00
Amnistía a referéndum
La contienda electoral del próximo año ya tiene un tema principal que dividirá al país. Como sólo él sabe hacerlo, Andrés Manuel López Obrador colocó esta semana la razón de la disputa.

No sólo propuso modificar la estrategia que el Estado mexicano ha seguido para combatir la violencia y la inseguridad; fue un paso más allá y anunció que, con tal de alcanzar la paz, consideraría otorgar perdón a los líderes del crimen organizado.

La reacción contra sus declaraciones hizo erupción súbita. Otorgar amnistía sería aceptar un narcoestado, declaró Miguel Ángel Mancera. Implicaría negar justicia a las víctimas, afirmó José Antonio Meade. Una más de sus locuras, acusó Ricardo Anaya. Un estado de derecho no admite amnistías ni complicidades, precisó Margarita Zavala.

Tan extremo se percibió AMLO que los secretarios de Defensa y de Marina, Salvador Cienfuegos y Francisco Soberón, se arrojaron sin tiento al debate político.

“No hay forma de que esto pueda llegar a suceder… se toma como un fin electoral más que buscar un objetivo real”, dijo para descalificar el almirante. “Están dejando de lado todo el mal que han hecho al país… cuánta gente ha muerto por su culpa”, reclamó el general.

En fin que, con sólo un par de declaraciones, AMLO logró poner a toda la clase política en su contra. Hay veces que resulta difícil comprender las estrategias de este hombre político. ¿No sabe que las campañas electorales tienen como propósito ganar y no perder votos? ¿O de plano habrá calculado, como afirma el almirante secretario de la Marina, que amnistiar a los delincuentes hace triunfar en las urnas?

El fondo de la propuesta lopezobradorista es irresponsable, no porque una eventual amnistía –legal o de facto- debiera de plano desecharse, sino porque se presentó sin ofrecer un diagnóstico y una estrategia que respondieran a la complejidad del fenómeno.

No es justo tratar un tema a la vez doloroso y enredado con soluciones carentes de gravedad. Es tan demagógico proponer al Ejército como solución principal para lograr la paz en el país, como ingenuo resulta sugerir amnistiar a los capitanes mafiosos que trafican con personas, extorsionan, secuestran, asesinan, descuartizan, desaparecen seres humanos y hacen negocio con las drogas.

Frente a niveles indignantes de violencia resulta que a la clase política sólo se le ocurren ideas extremas y polarizantes: o bien resolver militarizando al país, o bien perdonar a los criminales. ¿De plano no hay nada en medio que valga la pena?

Lo cierto es que el discurso del presidente de Morena logró su objetivo. Anunció que esta vez no fracturará al país entre ricos y pobres, como lo hizo en 2006, sino entre pacifistas y belicistas, para ponerlo en términos suyos.

Entre los que prefieren el ojo por ojo y el diente por diente, y aquellos que no están dispuestos a quedarse ciegos o “chicuelos”.

Es de reconocerse el talento de AMLO para detectar las grandes fracturas sociales y, a partir de ahí, construir un “ustedes” y un “nosotros” evidente y distinguible.

Tiene razón al advertir que la sociedad mexicana le ha dado suficiente tiempo a la estrategia de persecución violenta de la violencia, sin obtener resultados alentadores.

En 10 años de guerra por los territorios donde transita la droga han muerto 170 mil seres humanos y han desaparecido más de 37 mil. ¿Por qué suponer que una estrategia sin variaciones para la próxima administración daría mejores resultados?

AMLO tomó la decisión de abordar el tema desde una perspectiva distinta. Anunció que el futuro secretario de la Defensa no dará orden de disparar contra mexicanos. Es decir, que el Ejército regresará a los cuarteles en caso de que él gane la contienda.

Ese anuncio, así de puntual y acotado, habría seguramente despertado entusiasmo entre un sector grande de la población, pero no habría polarizado. Así que el político tabasqueño decidió aderezar con polvo atómico su discurso. La iniciativa de amnistiar es fuerza telúrica que abre las fallas del subsuelo y parte a la sociedad de manera irreconciliable.

ZOOM: ¿Será todavía posible que la política mexicana atienda los temas más serios con la obligada seriedad que se merecen? Entre los que están a favor de la ley de seguridad interior y AMLO es difícil encontrar un lugar para guarecerse.
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