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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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22 Septiembre 2017 04:00:00
Amor vs feminicidios
El asesinato de Mara Castilla Miranda, estudiante de la universidad de Puebla, de apenas 19 años, ha llamado, como pocas veces en la historia, la atención de los mexicanos. La inédita reacción de indignación por la violencia contra las mujeres obedece entre otras cosas a que la estadística en nuestro país nos lleva a enterarnos de que en México se cometen en promedio 7 feminicidios al día.

El caso de Mara fue distinto desde su propia perpetración, dado que sucedió días después de que la propia víctima participara en una campaña de protesta por redes sociales difundida bajo el slogan #SimeMatan, la cual fue instruida por la sociedad en protesta por el caso de Lesvy Berlín Osorio, otra joven de 22 años, asesinada bajo circunstancias parecidas y considerado también como feminicidio.

Bajo la frase “Si me matan”, las participantes contaron las razones por las que podrían ser asesinadas en México, bajo la modalidad de feminicidio, causas tales como usar vestidos cortos o asistir a bares y fiestas hasta muy tarde por las noches; Mara Castilla participó en esta campaña, y en su mensaje dijo “#SimeMatan es porque me gusta salir de noche y me gusta tomar cerveza”; ante esta especial circunstancia, es inevitable concluir que lo de Mara fue sin duda un feminicidio, por haberse realizado dentro de las principales premisas de lo que las propias mujeres consideran como causales de feminicidio y que las mantiene en un constante terror.

Ahora bien, para entender las implicaciones de este fenómeno social, debemos conocer primero cuáles son las características que deben darse en un asesinato para que el mismo sea considerado como feminicidio, situación que no será fácil, ya que dadas las libertades sexuales que han permeado en el mundo, es ahora difícil sostener que el crimen sea motivado por causas primordialmente sexuales, como originalmente se consideró.

Cada vez es más común encontrar casos de asesinatos de hombres por causas sexuales, ya sea a manos de personas del mismo sexo o, de lo contrario, ante esta disyuntiva, dicha causal deberá ser desplazada de la definición básica.

Ante este problema, la propia definición de feminicidio en todo el mundo ha encontrado dificultades para establecerse y ha pasado de ser: “el asesinato de mujeres realizado por hombres motivado por odio, desprecio, placer sexual o un sentido de propiedad de la mujer”, para luego definirse como: “el asesinato misógino de mujeres realizado por hombres” hasta quedar ahora bajo el concepto de “violencia machista”. Lo que muestra que el problema del machismo no es privativo de la comunidad mexicana.

Incluso, debo reconocer que nuestro país, como en pocas cosas, se ha distinguido por iniciar verdaderos cambios en su legislación con el fin de frenar la violencia en contra de las mujeres y las conductas machistas en su perjuicio, de tal suerte que, si queremos hablar de leyes vanguardistas en contra de la violencia contra la mujer, México es un verdadero referente. Entonces la pregunta es: ¿qué es lo que falta para detener la ola de asesinatos con olor a feminicidio en nuestro país?

En la colaboración de la semana próxima intentaré demostrar que aspectos tales como la educación sexual, los valores morales, los principios éticos y el amor juegan un papel preponderante en la erradicación de las conductas violentas en materia sexual. Continuará…
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