×
Salvador García Soto
Salvador García Soto
ver +
Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

" Comentar Imprimir
01 Mayo 2018 04:00:00
Anaya, el chico de las cúpulas
Que Ricardo Anaya diga que no cree en los “pactos cupulares”, en un intento de atenuar su dicho ante consejeros de Citibanamex de estar dispuesto a sentarse con Peña Nieto para negociar una alianza antiAMLO podría entenderse; pero que pretenda hacernos creer que no ha utilizado esos acuerdos cupulares para ascender políticamente, es casi un mal chiste. La meteórica carrera política del joven queretano, que en 14 años pasó de ser secretario particular de un gobernador a convertirse en candidato a la Presidencia de la República –con dos diputaciones plurinominales de por medio–, no se entendería si no fuera por su habilidad de moverse en las cúpulas políticas, de servirse y apoyarse en ellas para escalar posiciones, cargos y reconocimiento público, con una inteligencia notoria, pero siempre impulsada y potenciada por sus arreglos con las cúpulas.

Para decirlo claro: Anaya es gran orador y polemista, pero nunca fue un político de masas. Su única campaña en busca de votos, en 2000 por el Distrito XIV de su natal Querétaro, la perdió con 7.4% de los votos contra 62% del candidato del PRI que le ganó la diputación local. A partir de ahí su carrera despegó siempre cercano a los despachos del poder y del PAN. Primero bajo el padrinazgo cupular de Francisco Garrido Patrón, quien lo cobija e impulsa como su particular y luego como diputado plurinominal y coordinador panista en el Congreso local en 2009, y de ahí a la dirigencia estatal del PAN en 2010, donde comienza su despegue nacional al ser invitado por el presidente Felipe Calderón –el mismo del que hoy se deslinda y está enfrentado a muerte– como subsecretario de Planeación a la Secretaría de Turismo federal.

Ya en el escenario nacional, el joven queretano sigue la misma ruta y obtiene la diputación plurinominal federal, gracias a las cúpulas del PAN en 2012. En San Lázaro, su talento oratorio y manejo político resaltan y él se acerca al entonces coordinador del PRI, Manlio Fabio Beltrones, a quien pide “apoyo y consejo” en su carrera. Beltrones lo orienta y su relación con el priista se vuelve clave para que Anaya crezca también en la bancada panista encabezada por Luis Alberto Villarreal y entre a la “burbuja” de diputados panistas que lo conecta al grupo de Gustavo Madero, presidente nacional del PAN. Negociaciones cupulares entre Villarreal y Beltrones, con el visto bueno de Madero, de Gobernación y Los Pinos, hacen que Ricardo Anaya sea designado presidente de la Cámara de Diputados, pese a su corta experiencia política y parlamentaria, y el 1 de septiembre de 2013 recibe y responder el Primer Informe de Gobierno del presidente Peña Nieto.

Tras la caída de Villarreal por el escándalo de corrupción panista de los “moches”, en agosto de 2014 y la llegada de José Isabel Trejo como coordinador parlamentario, Ricardo ganó mayor cercanía al grupo maderista. La presidencia de la Cámara le sirvió en ese año para ganar reflectores y cultivar sus relaciones con el PRI y el Gobierno. En ese año apoya e impulsa, según datos de #Verificado2018, la aprobación de nueve de las “reformas estructurales” peñistas, incluidas las de educación, hacendaria, energética, financiera, transparencia, político-electoral y la penal.

En ese lapso, por instrucciones directas de Peña, Luis Videgaray se convierte en “enlace personal” entre Anaya y el Presidente, que ya lo veía entonces como “aliado estratégico” de sus reformas y su Gobierno. Su discurso en el Teatro de la República, el 5 de febrero de 2014, en el 97 aniversario de la Constitución, le valió aplausos y elogios de toda la clase y las cúpulas políticas, incluido Peña Nieto, y 3 meses después es nombrado secretario general del PAN, en mayo de 2014. Apoyado por Gustavo Madero, llega a la presidencia nacional del panismo y desde ahí desconoce al chihuahuense al negarle la coordinación de los diputados del PAN. Ricardo estaba ya en la cúpula y desde ahí trazaría su ruta impecable hacia la candidatura presidencial. En el camino fue aliado estratégico de Peña, pactó con él varias veces en Los Pinos en encuentros privados –20 de enero de 2017– y luego se enfrentó al Gobierno que lo apoyó por recibir consejos del expresidente Salinas.

Hoy, cuando las encuestas lo colocan en segundo lugar de la carrera presidencial, con diferencias de entre 10 y 14 puntos del puntero, Anaya tiene dos discursos para convencer de que es el único que puede competir contra López Obrador: uno, el privado, que les dice a los consejeros e inversionistas de Citibanamex, que sí estaría dispuesto a sentarse y a negociar con Peña Nieto para pactar una candidatura única en alianza (“Digamos que sí”) y otro el público, en el que afirma que sólo busca pedir el “voto útil” de los ciudadanos, del partido que sean, para enfrentar a AMLO, pero, para sacudirse un impacto negativo de un posible acuerdo con el peñismo y que no lo liguen al PRIAN, afirma que rechaza los “pactos cupulares”. Típico del chico de las cúpulas.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2