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Verónica Marroquín
Verónica Marroquín
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03 Junio 2018 04:00:00
Anécdotas de una boda en Punta de Mita
Para mi querida amiga Paty Zumaya.

AMIGOS QUERIDOS: Hoy amanecí más que bendecida, antes de abrir mis ojos escuchaba el concierto del vaivén de las olas, el cantar de pajarillos que endulzaban mis oídos y hacían acorde con el sonido del cálido mar de esta mañana en Punta de Mita, Nayarit. Con una megasonrisa en mis labios y un bendito sea Dios, veía el rostro de mi pequeña Estefanía, como un angelito aún durmiendo exhausta y feliz de tanta algarabía de estos días tan intensos. Desde nuestro balcón una brisa húmeda entraba y nos acariciaba las mejillas que aún en la almohada yacían. Estefa fue mi acompañante en este maravilloso viaje a estas playas hermosas, llenas de sorpresas y también anécdotas que les iré contando. Quisiera estar ya en la playa, pero disfruto también del compartirles las alegrías de este viaje, ya que venimos a una boda de la hija de mi querida amiga hermana Paty Zumaya.

Y bueno, con un delicioso café recién hecho por el barman del centro de negocios del hotel, y con una exquisita atención de todos los que aquí trabajan, me están haciendo más que agradable este momento que les comparto, con unas fresas, uvas, moras, y panecillos empiezo la travesía de este bello viaje. “Así, sí baila mija con el señor”, un dicho mexicano.

Debo decir que el arroz con leche que me estoy comiendo no es como el de mi mamá, que lo hace delicioso. No sé bien por dónde empezar a contarles las anécdotas amigos queridos, se me ocurre desde que la mamá de la novia (Paty mi amiga) llega al aeropuerto de Puerto Vallarta, donde yo la esperaba con estefa, tomándonos una rica bebida mientras la esperábamos.

Llega un mensaje escrito de Paty: “¡Verito ya llegamos!” Yo, feliz, voy a la entrada de las llegadas nacionales e internacionales y noto su alegría de verme, pues ella vive en San Luis Potosí, ambas somos potosinas. Y bueno, al darnos ese abrazo gigante y eufórico. Me dice: “¡me tardé en salir porque no llegó mi maleta! -Y yo... ¿cómo? - Y ella- “sí, no llegó, lo bueno es que presentí algo y me traje en los brazos el vestido de novia”. ¡Bendito sexto sentido que dios nos dio, que nos salva de tantas cosas! Y bueno, corrimos a poner por supuesto la queja, explicándoles la urgencia de encontrar la maleta, ya que teníamos que irnos a punta de mita, a unos 40 minutos de Puerto Vallarta, debo decir que entre los nervios y contratiempos, mi amiga estaba muy tranquila, aparentemente. Ya se imaginarán: empezamos con algo de estrés porque no nos aseguraban nada de que encontrarían

La maleta que llevaba todo para la boda. Finalmente encontraron la maleta que nunca salió de san luís ¡por dios! Se comprometieron a hacerla llegar lo más pronto posible. Total, no sería la primera ni la última, y bueno a seguir disfrutando de la historia. Y viene la segunda anécdota, se supone que ya estaría esperándonos una camioneta para trasladarnos a punta. ¡Carajo! (Han de disculpar). Se tardó más que el vuelo San Luis– Vallarta, dos horas, para ser exactos, mi hija Estefa, tranquila, viendo su celular, sentadita con una bebida. Nosotras íbamos y veníamos, para ver si había noticias de la bendita maleta. Finalmente llegó la camioneta, no la maleta. Eramos como 12 pasajeros, todos familiares de la novia. Llegamos al hotel palladium, un gran hotel que a decir verdad está enorme, su atención es muy cálida, y lo mejor, hizo que hiciéramos todos chamorro, ja, ja, ja, es tan grande que hay que tomar su tiempo para llegar a algún lado, ¡te pierdes en verdad! Está muy lindo, vale la pena pagar el costo. Nos recibieron con unas aguas frescas mientras nos registrábamos. Llegamos al cuarto, nos refrescamos y nos fuimos a comer cada uno a donde le apeteció, ya que eran como cuatro restaurantes, italiano, mexicano, japonés, carnes y en todas las albercas había snacks y bebidas todo el tiempo, y a mí que me encanta que me apapachen.

Me llega otro mensaje de mi amiga: “Verito, ¿tienes un short?, ¡No llega mi maleta!” – Y yo: “claro, espero te quede”. Pero no hay mucha señal, la verdad, aquí, así que entre eso y lo extenso del hotel no nos encontrábamos, y para cuando volvimos a coincidir, ¡ya traía un short! Dije: ¿de dónde lo sacaste? Y me dice, “corté un pantalón, ja, ja, ja”. A esa Paty no se le tupe nada, como a su comadre, o sea yo. Y al vernos nos reímos a carcajadas, ya sabemos que siempre nos pasa de todo, eso es la sal y la pimienta de esta bella vida que compartimos en esta ocasión con mi querida amiga hermana. Nos fuimos a la playa en short las dos, por cierto eran color negro, coincidencias. Empezamos a jugar y a tomar fotos, obviamente para tener bellos momentos, pues la verdad, ya empieza a fallarnos la memoria, pareciera que no pasan los años, sin embargo, nos conservamos lindas ja, ja, ja, modestia aparte, pero como los buenos vinos. No dejemos que el corazón envejezca como inevitablemente el cuerpo. Dios nos hace y nosotras nos juntamos, ¿verdad patita?

Y bueno, amigos queridos, esta es la primera parte de esta travesía, nos vemos el próximo domingo primero dios. Esta historia continuará...

Un abrazo fraterno, y bendiciones de su amiga verónica. Diosito por delante.


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