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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Coahuilense, médico pediatra, apasionada de la palabra escrita. Desde 1975 ha sido columnista en diversos periódicos regionales. Bloguera a partir del 2010. Participa activamente en el Taller literario “Palabras al viento”. Tiene varios libros publicados. Inquieta por la problemática social, en particular la relativa a nuestros niños y jóvenes. Sus colaboraciones invitan a asumir que la resolución de esos problemas es tarea común para todos. Su blog: https://contraluzcoah.blogspot.com/

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16 Junio 2019 04:00:00
Anónima violencia
Es un rosario de dolores, el que recorremos los mexicanos con los dedos encallecidos cada semana, son dolores a la vez tan distintos, pero tan parecidos. Por desgracia, de intensidad creciente cada día, como si lo único que faltara es que a la vuelta de la esquina nos acechara un monstruo que nos engullera.

Esta vez fue primero Norberto Ronquillo, y un par de días después Leonardo Avendaño. De manera similar, en semanas previas pueden haber sido niñas, jovencitas o recién nacidos. Vidas que se utilizan como mercancía de baratillo, vidas a las que se arranca con furia todo mérito y cualquier vestigio de dignidad. Detrás de ello se percibe un enojo de dimensiones terribles. Un enojo en contra de la vida, de la humanidad, y finalmente un enojo de estos criminales atroces, contra ellos mismos.

Norberto y Leonardo: Ambos comparten el hecho de ser recién graduados de universidades católicas privadas, en la ciudad de México. Los crímenes ocurren con un margen horas o días antes o después de la culminación de sus estudios. En el caso de Norberto se exige y se cobra un rescate, cuando, al parecer, para ese momento él ya había sido asesinado.

Tal pareciera que el ser humano necesita sentir la adrenalina en su torrente sanguíneo. En su necesidad escalará hacia emociones cada vez más fuertes para lograrlo.

La violencia llegó para quedarse entre nosotros. Es una hidra proteiforme que muestra una y mil caras. Está visto que cobra mayor fuerza cuando proviene de grupos de personas no identificables que actúan en masa. Termina siendo una violencia ilegítima, pero que difícilmente, si no es que nunca, será sancionada. Siendo tantos autores, no hay a quien inculpar, y la impunidad reina. Así vemos en nuestro país grupos de manifestantes, caravanas de migrantes, multitudes que actúan destrozando y vejando, más como deporte maligno que otra cosa.

¿Qué nos dice esta anónima violencia? ¿Cuánto vale la vida para estos autores que no son capaces, dentro de su criminal oficio, actuar de manera de preservar la vida del secuestrado?

“Vine por su diploma, y me llevo su acta de defunción” Palabras de la madre de Norberto, que a todos nos toca atender, antes de que se agote la esperanza.
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