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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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21 Octubre 2017 04:00:00
Ante la adversidad, jamás rendirse
Se ha cumplido ya un mes de que la Ciudad de México, así como otras ciudades en los estados de Oaxaca, Chiapas, Morelos, padecieran una de las peores tragedias ocurrida en mucho tiempo.

Más de treinta días transcurridos y la tristeza en los rostros de los directamente afectados no puede desaparecer por diversas razones. Razones poderosas que impiden tener tranquilidad
total.

La gran solidaridad mantenida durante días, semanas. El gran lazo afectivo que nos unió es algo que no puede desaparecer tan fácilmente. Esa relación que nació del dolor de nuestros hermanos y que nos hizo comprender que todos somos uno solo en un momento determinado, deberá prevalecer.

Fue la espontaneidad la que surgió al ver los impresionantes derrumbes. La desesperación al ver en lo que se convertían edificios que cubrían
inmisericordes sobre personas de diferentes edades.

Había que ayudar a rescatar vidas, sin importar si eran o no conocidos.

Esa es la prueba más grande de amor al prójimo, cuando alguien trata de ayudar a otro en circunstancias difíciles. El que tiende la mano para levantar al caído; el que lucha por rescatar al hermano que quizás esté aún con vida –como fue el caso de tantas
víctimas-.

La Madre Naturaleza no solo movió la tierra para enviarnos un sismo de gran magnitud, no. La naturaleza dejó claro muchas cosas, entre ellas, que somos vulnerables y en cualquier momento podemos ser víctimas de un
fenómeno natural.
Que un desastre, una contingencia, no respeta a nadie y sí cualquiera puede requerir de ayuda, de una mano amiga, de una bendición.

Nuestro pueblo demostró lo grande que es, lo maravillosa que es su gente; la fortaleza que este país tiene para levantarse aún de los escombros. Este México lindo y querido –como bien dice la canción- es único.

Ha sido verdaderamente extraordinario observar la manera de unir esfuerzos para apoyarse unos a otros.

Ahí quedó demostrado una vez más que la unión hace la fuerza; que podemos hacer frente a todos los malos momentos que se nos presenten, si nos mantenemos unidos.

Ahora toca participar en la reconstrucción. Vigilar que no haya desvíos de recursos; que se cumpla con lo que se ha ofrecido. Estamos conscientes que muchos mexicanos han quedado sin su patrimonio; que han perdido lo poco o mucho que a lo largo de su vida habían construido.

Como también sabemos que no pocos ciudadanos perdieron a un ser querido. La reconstrucción de las viviendas, podrá ser posible. Emocionalmente, no será tan fácil aceptar lo sucedido.

Y no lo será para aquellos que habitaban un departamento de algún edificio colapsado, donde la posible corrupción quedó al descubierto.

Triste panorama de personas de condición muy humilde En Oaxaca, Chiapas por ejemplo donde un gran número de familias perdieron todo lo que tenían. Cuánto dolor hay en el rostro de nuestros hermanos en desgracia cuya tragedia los ha obligado, a muchos de ellos, a permanecer a la intemperie.

A pesar de la tristeza, del dolor y del padecimiento ante lo ocurrido, la lección más conmovedora de la más reciente tragedia, es que los mexicanos no nos rendimos.

Y no lo hacemos porque nuestra raza es fuerte y hoy, con una nueva generación de jóvenes, también solidaria.

Si caemos, de alguna manera nos levantamos. Una tragedia, la pérdida de alguien cercano y querido, una enfermedad, pueden lograr mover las fibras más sensibles de nuestro ser. En momentos difíciles aprendemos a luchar para salir adelante, a sobrevivir. Aprendemos a no rendirnos porque estamos conscientes que Dios nos da la oportunidad de mirar hacia adelante.

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