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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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27 Febrero 2018 04:06:00
Antídoto contra AMLO
Desde su fundación en 1939, el PAN tardó siete años en ganar la primera alcaldía (León) y los cuatro primeros diputados locales (Guanajuato), medio siglo en gobernar un estado (Baja California) y 61 años en hacerse con la Presidencia de la República, aunque fue hasta 1952 cuando postuló candidato. Sin embargo, en menos de seis años olvidó la promesa de ser el partido del cambio para asemejarse al PRI en sus usos y costumbres e instaurar el prianato. La frivolidad, el desgobierno, la corrupción y la violencia en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón contribuyeron a la reentronización del PRI y a consolidar a Andrés Manuel López Obrador como el principal líder de la oposición.

Para atraer el voto antiPRI y antiAMLO, así como el de legiones de frustrados por el no cambio, el candidato de la coalición Por México al Frente (PAN, PRD y Movimiento Ciudadano), Ricardo Anaya, propone romper el acuerdo de impunidad PRI-PAN que, en casos como el de Coahuila, tiene sin castigo a los hermanos Humberto y Rubén Moreira por la megadeuda de 36 mil millones de pesos y las empresas fantasma a las cuales se desviaron 410 millones de pesos. Anaya enjuició a Fox por no haber cambiado el régimen e incumplir su promesa de atacar la corrupción cuando el Pemexgate le dio la oportunidad de hacerlo; y a Calderón, por no cambiar “las estructuras clientelares y corporativas del PRI” y mantener “intacto el pacto de impunidad”.

Anaya ha sido más crítico con Calderón, cuya esposa Margarita Zavala aspira a la Presidencia por la vía independiente, pues en su gobierno “se le entregó a Elba Esther Gordillo (entonces líder del SNTE) el control de la educación básica en nuestro país”. También reprobó la política de seguridad calderonista: “sin una estrategia clara y eficaz se disparó la violencia hasta alcanzar niveles francamente insospechados; detrás de esa violencia hay un enorme sufrimiento y tragedias humanas. Hubo avances, sí, pero no cambiamos el régimen” (SDPnoticias.com 11.12.17).

Anaya dio el paso que el candidato del PRI, José Antonio Meade, difícilmente seguirá: deslindarse del pasado y tirar lastre para tener posibilidades de ganar una elección cuyo favorito es AMLO. La circunstancia de ambos es distinta. Anaya no debe a Fox ni a Calderón su candidatura; al contrario, tienen otras preferencias: el primero apoya a Meade y el segundo promueve las aspiraciones de su esposa. Meade fue impuesto por el presidente Peña Nieto y representa el continuismo de un modelo basado en la corrupción y la impunidad.

Sin estar exento de riesgo, el movimiento de Anaya puede resultar redituable electoralmente. Fox y Calderón terminaron sus sexenios con mayor aprobación que Peña Nieto, pero frustraron la esperanza de millones de mexicanos que, al votar por la alternancia en 2006 y darle al PAN una segunda oportunidad –muy discutible– en 2012, esperaban un cambio real en la conducción política y no la asimilación del PAN al PRI y el empeoramiento de los problemas del país (inseguridad, violencia, corrupción, impunidad, pobreza e injusticia).

Meade está maniatado. La precampaña, que en teoría serviría para identificarlo con el PRI y con la ciudadanía, terminó por anclarlo en el tercer lugar en la intención de voto. AMLO lo supera en relación de dos a uno y Anaya se afianza en el segundo lugar. El candidato de la coalición Todos por México lidia con un presidente impopular, un líder de partido (Enrique Ochoa) sin rumbo ni discurso y un coordinador (Aurelio Nuño) de espaldas a la realidad. Ellos serán los arquitectos de su derrota.
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