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Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre
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Es un escritor y periodista nacido el 8 de julio de 1938 en Saltillo, Coahuila, México, siendo hijo de Mariano Fuentes Flores y Carmen Aguirre de Fuentes. Es famoso por su humor, el que ha plasmado en su obra escrita. A los quince años de edad obtiene la licencia de locutor de radio. Abogado por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, es maestro en Lengua y Literatura, así como maestro en Pedagogía, por la Escuela Normal Superior de Coahuila.

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15 Abril 2011 04:10:20
Aplauso y trompetilla
Castaldo y Puritina eran esposos. En el renglón de lo sexual tendían a la ortodoxia. Nada sabían del erotismo, ese arte placentero que da variedad y gozo lúdico al acto del amor, enriquece la intimidad de la pareja, evita el peligro del tedio y la rutina, y humaniza al sexo, convirtiendo su mera dimensión biológica o animal en plenitud de espíritu y de cuerpo. Cierto día Puritina le dijo a su marido: “Una amiga me contó que en la cama ella y su marido lo hacen a veces ‘doggie style’. ¿Qué será eso?”. “Quién sabe -duda Castaldo-. A juzgar por la traducción él se acuesta, y luego ella, como perrito, le lleva a la cama las pantuflas y el periódico”... Esta columnejilla otorga muy de cuando en cuando el sonoro tributo de un aplauso a quien a juicio del autor lo ha merecido. Más rara vez aún se impone aquí el castigo de una escarnecedora trompetilla a aquel que por alguna torpe o mala acción se ha hecho acreedor a ella. Y es que el escribidor de estos renglones, si bien está muy lejos -lejísimos, a años luz- de ser un hombre bueno, tampoco es uno de esos especímenes humanos que sólo ven lo malo de su prójimo -espejo de su propia maldad-, y gustan de abaldonar a los demás por un sí o por un no. Miran el sarpullido de los otros y no ven su propia lepra. (Permítanme un momentito, por favor. Voy a anotar esta última frase, que juzgo variación afortunada de aquéllo de la paja y la viga, etcétera).

En esta ocasión, y sin que el caso siente precedente, el pendolista tributará un aplauso a una persona, y a otra la estigmatizará con una trompetilla. La ovación de reconocimiento es para la diputada del PAN Augusta Díaz de Rivera, en tanto que la infamante pedorreta se dedica a Gerardo Fernández Noroña. Mujer tenía que ser, y además panista, quien le dijera ¡basta! a ese rupestre diputado del PT, que ha hecho del insulto y la provocación su oficio. Tiene mucha razón la representante de Acción Nacional cuando afirma que ese señor, por su conducta violenta y agresiva, es una lacra del Congreso. Ya se sabe que quien no tiene la razón grita e insulta, y Noroña es un insultador profesional, y un gritón necio. Gente así no sólo degrada el nivel del debate parlamentario: Lo anula por completo. Sabemos bien que la Cámara de Diputados no es un recinto conventual. (Si acaso se puede comparar con uno es porque ahí se escuchan puras madres). La Cámara Baja -¡qué bien le cuadra a veces ese título!- es caja de resonancia de la Nación, y a ella llegan voces de todos los orígenes y procedencias. Pero esas voces se deben oír, todas. Y hombres como Noroña pretenden que sólo su voz se oiga, y tratan de acallar las de sus adversarios con injurias y alaridos. Por tipos como él se dice que el puesto de diputado es muy ingrato: La chamba dura tres años, y la vergüenza toda la vida. Vergüenza del Congreso es ciertamente Fernández Noroña. Alguna buena cualidad ha de tener -todos tenemos alguna; yo, por ejemplo soy... soy... en fin, todos tenemos alguna buena cualidad-, pero nunca la ha dado a ver en su ejercicio.

Envío, pues, un aplauso congratulatorio a la señora Díaz de Rivera, por haber puesto en su lugar a ese paleolítico diputado del pleistoceno inferior, o más bien ínfimo. Ese aplauso a la representante panista lo tributo con ambas manos, para mayor efecto. Va: ¡Clap clap clap clap clap! Y hago llegar a Noroña, por su cinismo y prepotencia, la desdeñosa onomatopeya de una trompetilla, imitadora del inurbano ruido que produce un cuesco, flato, ventosidad o flatulencia. Hela aquí: ¡Ptrrrrrrrrrrrrrr!... Cierta señora se quejaba de la conducta sexual de su marido. “No sabe del foreplay -decía-, ese amoroso juego preliminar de caricias y palabras que el hombre debe llevar a cabo siempre a fin de disponer a su pareja, corporal y espiritualmente, para la unión íntima”. “En cambio a mí -declara la otra-, mi esposo siempre me dice unas palabras como preludio al sexo”. “¿Qué te dice?” -se interesa la señora. Responde la amiga: “Me dice: ‘¿Estás despierta?’”. (¡Y ñácatelas!)... FIN.
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