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Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre
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Es un escritor y periodista nacido el 8 de julio de 1938 en Saltillo, Coahuila, México, siendo hijo de Mariano Fuentes Flores y Carmen Aguirre de Fuentes. Es famoso por su humor, el que ha plasmado en su obra escrita. A los quince años de edad obtiene la licencia de locutor de radio. Abogado por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, es maestro en Lengua y Literatura, así como maestro en Pedagogía, por la Escuela Normal Superior de Coahuila.

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29 Octubre 2011 04:10:06
Aplauso
Llegó Babalucas a una papelería. “¿Tiene papel para muerto?”. “No conozco esa clase de papel” -respondió con extrañeza el encargado. Fue Babalucas a otra papelería: “¿Hay papel para muerto?”. “De ése no tenemos” -le dijo la dependienta. Preguntó Babalucas en una tercera papelería: “¿Venden papel para muerto?”. “No manejamos esa línea” -le contestó, desconcertado, el dueño. Regresó Babalucas a su casa y le informó a su mujer: “En ningún lado pude hallar papel para muerto”. “¡Ay, Babalucas! -alzó los ojos al cielo la señora-. ¡Te dije papel parafinado!”... No fue una separación: Fue un desgarramiento.

He aquí que fui a Miami a perorar. Al término de la perorata mis amables anfitriones me invitaron a cenar. En la mesa uno de ellos me dijo: “Qué hermosa corbata trae usted, maestro”. ¿Acaso un caballero mexicano, y más si es de Saltillo, puede dejar de hacer honor a la hospitalidad que ha recibido? De inmediato me quité la corbata con galano gesto y se la entregué a mi nuevo amigo como regalo de amistad.

Se turbó él, y me dijo que de ninguna manera había puesto en sus palabras alguna insinuación. Yo le pedí que aceptara mi obsequio. Entonces él, en correspondencia, se quitó su corbata y me la dio. Bella corbata, debo decirlo, y finísima, de elegante marca. ¡Pero la mía era Pineda-Covalín! ¡Qué maravillas salen de esa casa, tanto para las damas como para los señores! Sus diseños son preciosos, y tienen el señalado mérito de que todos son de inspiración mexicana. La corbata que obsequié, por ejemplo, recoge la belleza de los sarapes saltilleros.

En otros artículos de Pineda-Covalín he visto las Mariposas Monarca que en Michoacán tienen santuario; los cactus sonorenses; los gallos de palenque, o las figuras entrañables de la lotería tradicional. Desde luego esto que digo no es publicidad, pues en primer lugar no conozco a los diseñadores de cuyas manos salen estos prodigios de hermosura, y en segundo lugar ellos no necesitan de ninguna propaganda, pues el buen paño -decían nuestros ancestros- en el arca se vende. Lo que sucede es que merecen reconocimiento quienes exaltan lo mexicano, y más en estos tiempos en que nuestro orgullo nacional sufre, por más que se fortalezca en momentos como los de la inauguración de los Juegos Panamericanos, cuya ceremonia inaugural tuvo más lucimiento que la de cualquier Olimpiada que hayamos visto.

Un aplauso, pues, a esa marca, Pineda-Covalín, que nos abre los ojos para ver las bellezas de nuestro hermoso país. El señor era un poco sordo, de modo que no escuchó que alguien estaba tocando la puerta. El que tocaba arreció los golpes, y como nadie le abría tocó más fuerte aún, hasta casi derribar la puerta. Entonces sí lo oyó el señor. “¿Quién es? -preguntó muy enojado-. ¿Qué quiere?’’. Contesta el que tocaba: “Vengo a preguntar si está usted empadronado’’. “¡Cómo no voy a estarlo! -responde furioso el señor-. ¡Cualquiera se pone encaboronado con esos toquidotes’’...

Doña Panoplia de Altopedo, dama de la mejor sociedad, era pianista aficionada, y gustaba de entretener a sus amistades con sus interpretaciones. En cierta ocasión sorprendió a las visitas con un anuncio sensacional: Iba a tocarles una versión completa al piano de la Obertura “1812’’ de Chaikovski. Todos aplaudieron. El marido de doña Panoplia, sin embargo, les pidió en voz baja, con angustia: “¡No! ¡Pídanle que toque alguna otra cosa!’’. “¿Por qué?’’ -se extrañó uno de los invitados. Responde muy apurado el buen señor: “¡No saben ustedes cómo hace los cañonazos!’’...

Las dos parejas de casados, compadres entre sí, fueron a una feria, y por curiosidad entraron en la carpa donde una adivinadora veía en una bola de cristal el futuro de sus clientes. Después de consultar la esfera, les dijo la mujer: “Una de ustedes, señoras, se va a sacar la lotería’’. “¿Cuál de las dos?’’ -preguntan ansiosamente ellas. “No veo muy claro cuál -responde la adivinadora-. La afortunada tiene una pequeña mancha roja en el interior del muslo izquierdo’’. “¡Ah! -exclama uno de los esposos-. ¡Felicidades, comadrita!’’... FIN.
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