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Cristina Orozco
Cristina Orozco
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16 Septiembre 2017 04:08:00
Apocalíptico final de sexenio
Hoy que escribo, 15 de septiembre, creo que no hay ánimo para unirse al grito, el de Independencia, seguramente, será el menos sentido.

Los únicos gritos auténticos saldrán de las salas de cine por el estreno de la segunda versión de It, Eso, película sobre un payaso asesino, del libro de terror escrito por Stephen King. “El horror o terror es un género que se define por la sensación que causa: miedo… Necesariamente debe provocar miedo en el espectador”.

Si no le gusta el terror, mejor no vaya a ver la película, aunque nuestra realidad nos confronta con este género. No hace falta esperar a que concluya el sexenio para expresar que los mexicanos nos sentimos consumidos y horrorizados. Y es que ya no damos para más.

Somos espectadores del grave clima de tensión entre los líderes de Estados Unidos y Corea del Norte, en el cual, Japón, China y Rusia están muy involucrados. Parece que estamos en el preámbulo de una guerra. Del hablar al actuar solo hay un paso. Los líderes se muestran los dientes, hacen escándalo y exponen supremacía provocándose entre sí con hechos y palabras. Los EU dicen que tienen la madre de todas las bombas, Rusia asegura tener al padre. Y Corea del Norte hace pruebas con armas nucleares.

Sabemos que las relaciones diplomáticas y económicas entre México y Estados Unidos, penden del grosor del hilo de nuestra capacidad de sumisión –actuación distinguida por parte de nuestros negociadores.

Los Estados Unidos anunciaron que México está al borde del colapso político, según el New York Times, enfrentamos una situación similar en lo económico y en seguridad a la de Venezuela en el régimen de Hugo Chávez.

Somos testigos lejanos de las catástrofes naturales que se ensañan contra nuestros hermanos de patria en los estados de Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Veracruz y Tabasco, los cuales han padecido la encarnizada corrupción, pobreza, marginación y violencia. En Oaxaca la CNTE impidió la revisión de cientos de escuelas después del temblor, sus maestros no son parte de la reforma educativa, se imponen a la ley. Entre el Gobierno y la CNTE mantienen a Oaxaca en pobreza extrema. Y en Guerrero y Veracruz sobreviven angustiados los familiares de cada acribillado y cada desaparecido.

No enteramos, a través de varios medios de comunicación, de que empresas fantasma, universidades públicas y funcionarios del Gobierno federal sustrajeron miles de millones de pesos. Ellos, con arrogante displicencia, continúan en labores.

Nos enteramos de que el proyecto del Paso Exprés de Morelos, donde ocurrió el socavón, en el cual dos personas estuvieron 120 minutos esperando auxilio que no llegó, fue adjudicado sin haber revisado la documentación ni plan de obra ni fue supervisado.

En Coahuila el Tribunal Superior de la Federación en materia electoral nos debe el dictamen final de anulación electoral para gobernador. Estamos a meses de que se cumpla un plazo muy deseado. ¿Qué pasa, para cuándo?

En 2018 jugaremos a la democracia, un juego predecible, pues la casa siempre gana y la mano no la tiene el pueblo. Es un juego caro en el cual los índices de corrupción, impunidad, inseguridad y pobreza se incrementan vertiginosamente.

Los mexicanos no podemos seguir costeando el juego de una democracia que engendra políticos monárquicos.

No sé ustedes, pero yo siento un final de sexenio apocalíptico, incluso más aterrador que Eso. Pero no sé…
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