×
Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
ver +
Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

" Comentar Imprimir
25 Abril 2018 04:00:00
Apuntes sobre el resultado del debate
El domingo es día de ver buenos programas de televisión y el pasado no fue la excepción. A las 8 de la noche ya estábamos preparados para el primero de esta temporada, aunque debo confesar que con cierto escepticismo porque creí que los discursos de todos los participantes iban a ser más virulentos contra sus rivales.

Claro que hubo algo de eso, pero también vimos elementos que no habían estado presentes en los anteriores. Me parece que el buen obispo de Saltillo, don Raúl Vera López, no hizo una buena decisión para su domingo (aunque claro que ese día yo descanso y él trabaja) cuando resolvió no sintonizar el debate por “una apatía que nace de la falta de visión hacia los verdaderos problemas sociales”, haciendo a un lado la idea de que ahí se reflejará la visión de quién resolverá o no, en los próximos años, tales problemas sociales. Pero cada quien hace con su tiempo libre lo que quiera.

Los elementos que me parecieron novedosos fueron, en primer lugar, la organización del tiempo y forma del debate, seguido por los moderadores y sus intervenciones, y finalmente la secuencia de las
intervenciones.

Fueron dos horas interesantes en las que no deseamos en ningún momento que se fueran a comerciales porque el ritmo de intervención mantuvo, como las buenas series de Netflix, la atención constante en la trama.

Denise Maerker, Azucena Uresti y Sergio Sarmiento llegaron con la adecuada preparación sobre la conducción y no vacilaron en hacer respetar el tiempo y centrar en el tema, salvo Azucena Uresti, quien lucía un tanto insegura, pero aun así logrando buena conducción.

Fue interesante observar que algunas de las preguntas que llevaban preparadas tenían que ver con noticias falsas que los candidatos, evidentemente advertidos, pudieron contestar. Estas preguntas fueron obtenidas de un documento firmado por más de 300 organizaciones sociales que las hicieron llegar al INE.

Todo transcurrió en apego a lo pactado en términos de tiempo y se desplazó tersamente en cuanto a respetarlo, cosa que se veía difícil sobre todo por la lentitud con la que habla López Obrador y su renuencia a dejar la palabra.

Al final se tomaron unos minutos de más y el zoom out reveló que el único que quería salir era el candidato de Morena, tal vez porque había sido el centro de la dinámica grupal o porque ya su próstata no es como antes.

Seguridad y violencia, corrupción y combate a la impunidad, democracia y grupos vulnerables, fueron los principales temas que hicieron a los candidatos atacarse unos a otros, quitándole mucho tiempo a la exposición de propuestas.

Llamó la atención que, conforme se esperaba, el debate giró más tiempo en argumentos Ad Hominem que en el verdadero debate de las propuestas de las agendas políticas de los participantes. El argumento Ad Hominem es un tipo de falacia consistente en dar por sentada la falsedad de una afirmación tomando como argumento quién es el emisor de esta. Es decir, si la dice “El Bronco”, seguramente es falsa porque es “El Bronco”, no por lo real o falso del argumento en sí.

Sin duda, “El Bronco” dio el toque colorido al debate, con eso de que a los que roban va a mocharles la mano, o cuando López Obrador dijo que entre todos fueron a hacerle montón y “El Bronco” le respondió “no es montón, Andrés, es que dices cada barbaridad”.

“El Bronco” lucía emocionado, pero López Obrador reflejaba tensión, como siempre que no está ante sus seguidores. No es un buen polemista, porque sus argumentos son estereotipados cuando no son ideas espontáneas sin mucha reflexión. En ese sentido, quien lució más brillante en el discurso fue Anaya y sin duda el de mayor experiencia fue Meade, aunque desgastándose en críticas que los otros podrían haber hecho contra López Obrador.

Si alguien ganó con este debate (no el debate en sí, que ese lo ganamos nosotros) fue Margarita, porque por primera vez se escucharon algunos de sus planteamientos. Lucía como en lucha contra su angustia, aunque en los sucesivos debates la veremos mucho más tranquila.

Digo que el debate lo ganamos nosotros, porque los candidatos tuvieron que tomar posiciones ante temas que serán vitales en su mandato y se comprometieron (menos el evasivo López Obrador) a elaborar políticas públicas que, en caso de no cumplirlas, serán demandadas por esa naciente contraloría social que fue el corazón del debate. Fue mucha información para el futuro.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2