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Algarabía
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18 Mayo 2014 03:00:51
¿Arcaísmo? Chivear
Mientras que en 1969 Led Zeppelin estrenaba su primer disco, el Concorde surcaba los aires y el Apolo 11 cumplía su misión, en México las quinceañeras descubrían el amor en las canciones de Leonardo Favio e imaginaban que ese hombre resistía por ellas cantando bajo un chaparrón: “Hoy corté una flor, y llovía, llovía, / esperando a mi amor, y llovía, llovía”. En ese frenesí musical, casi podían oler el capullo y se chiveaban frente a sus propios pensamientos.

Según el DRAE, en México chivear es sinónimo de avergonzarse, y eso hacían mi tía y el resto de las chicas de su edad: se chiveaban a la menor provocación, los cachetes se les ponían de un tono rosado, parpadeaban con timidez y no eran capaces de resistir una mirada. También se chivean los niños y se arrebujan en las faldas de sus madres cuando un desconocido –o una de esas tías perdidas– les pellizca los chapetes y les dice lo guapos y grandes que se han puesto.

Pero lo que más resulta peculiar es saber que, en esa época de niñas chiveadas a causa de su candor por casi cualquier suceso, parecía que las frases que hacían referencia a la cabra macho –o chivo– eran muy recurrentes: las madres decían que los pretendientes que no llevaban flores recién cortadas, no esperaban bajo la lluvia ni traían los zapatos bien boleados, no sólo eran pésimos partidos, sino que también, con seguridad, “olían a chivo”. Y si un pretendiente no se presentaba con propiedad frente a los padres, entonces quería hacerle “de chivo los tamales”, es decir, quería engañar a la chiveadísima jovencita.

Nunca es demasiado tarde para chivearse –con todo y núbil rubor–, pues todavía se escuchan las estrofas de Leonardo Favio: “Cuando llegues, mi amor, te diré tantas cosas / o quizás simplemente te regale una rosa”, y seguramente deben de existir aún jardines con rosas al alcance de los enamorados.
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