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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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30 Marzo 2018 04:00:00
Arrancan campañas
“Lo más difícil de cualquier campaña política es ganar sin demostrar
que no mereces ganar.”
Adlai E. Stevenson

Parece difícil de creer, porque sabemos que llevamos cuando menos tres años de campañas; pero la ley nos dice que hoy, y sólo hoy, empiezan las campañas para las elecciones presidenciales del próximo 1 de julio.

Es una ley injusta y mala, que centra el debate político en una avalancha de spots de 30 segundos de radio y televisión, que favorece a los líderes de los partidos que utilizan estos anuncios para promoverse en lo personal, que cuesta una enorme cantidad de dinero a los contribuyentes, que favorece la intervención del crimen organizado, que incentiva la realización de alianzas de partidos que no tienen plataformas compatibles, que crea la figura de candidatos independientes para después ponerles obstáculos que les impidan ganar. Es la ley que nos ha dado la clase política.

Andrés Manuel López Obrador empieza la campaña con una clara ventaja en las encuestas. No es la primera vez que lo hace. También en 2006 arrancó como puntero, pero su ventaja de hoy es mayor y aparentemente más sólida. Ricardo Anaya y José Antonio Meade se disputan ese segundo lugar que presuntamente atraería el voto útil de quienes quieren evitar a toda costa el triunfo de López Obrador. Margarita Zavala sufre las consecuencias de un sistema creado para permitir los candidatos independientes, al tiempo que busca impedirles cualquier posibilidad de victoria.

La campaña empieza, otro absurdo, un Viernes Santo, en un momento en que el país está sumido en uno de sus dos periodos vacacionales más importantes del año. Si el mexicano usualmente no se interesa en la política, este viernes 30 de marzo habrá una atención mucho menor sobre lo que hagan los candidatos.

Las campañas oficiales durarán menos de tres meses, ya que tendrán que concluir el miércoles 27 de junio para darnos “tres días de reflexión”. La clase política, en su infinita sabiduría, nos dice que las campañas se recortaron para reducir el costo, pero el resultado ha sido darnos la elección más cara de la historia y, por la forma en que se han mezclado las votaciones concurrentes, la más compleja para contar votos y registrarlos en actas. El propósito real de las campañas cortas parece ser el de favorecer a quienes llegan ya en primer lugar.

Lo peor es que la arquitectura cara y compleja construida por la clase política no ha servido para generar una mayor confianza en los procesos electorales. En México sólo 18% de la población expresa su satisfacción con la democracia (Latinobarómetro, 2017), uno de los niveles más bajos del mundo y de Latinoamérica.

Los mismos políticos se han encargado de echar tierra al sistema. Lo hacen en cada elección al proclamarse vencedores en el momento en que cierran las urnas sin tener ningún elemento de sustento, lo hacen al negarse a conceder cualquier triunfo de un rival, lo hacen al judicializar cada proceso electoral, lo hacen al mandar al diablo las instituciones si no ganan una elección.

Hoy empiezan de cualquier manera las campañas. Del lado positivo está el que no haya la certeza del triunfo de algún candidato, como cuando José López Portillo triunfó con el 100% de los votos válidos en 1976. Del lado negativo está el lastre de un sistema ineficiente, inequitativo, costoso y generador de desconfianza. Es el sistema construido por una clase política que nunca ha tenido una idea clara de la democracia que quiere construir.

Inequidad

Por cada spot de Margarita, Meade tendrá 124, Anaya 119 y Andrés Manuel 63. El tope de gasto de campaña para los candidatos de los partidos es de 429 millones de pesos. Margarita tendrá 7 millones de financiamiento público y un máximo de 42.9 millones de dinero privado. Apenas justo, ¿verdad?

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