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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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22 Julio 2017 04:00:00
¡Arreglen el tubo!
“Desde que empezó la obra se les advirtió que la tubería era obsoleta, pero estos canijos, para entregar la obra a tiempo, construyeron sobre ese tubo viejo”.

Así explica impotente Mario Meneses, un trabajador y habitante del poblado de Chipitlán, la razón por la que un tremendo socavón se tragó la vida de dos personas hace unos días.

El ahora infame Paso Exprés tristemente ejemplifica a muchos de nuestros gobernantes: tuvo 4 meses de retraso, costó más del doble de lo presupuestado y en tan sólo 3 meses provocó una tragedia.

Sabemos que el cáncer de la corrupción corroe a México. Pero aparte sufrimos ineptitud a montones. Aquí unos pocos ejemplos:

–El sistema oral de justicia. Todos lo culpan por el aumento en la criminalidad. ¡Ja! Tuvieron 8 años para preparar a policías y fiscales. y no lo hicieron. Algunos estados esperaron hasta el final para adoptarlo. ¿Y así quieren que funcione? No es el sistema, es la pésima implementación.

–Distribuidor vial Benito Juárez en León. Retraso de 7 meses (y contando), fuera de presupuesto y aún sin estrenarse ya tiene fallas. Ah, ¿y qué constructora cree participó antes de que la despidieran por mala? ¡Adesa, la misma del socavón!

Caseta de cobro autopista de Cadereyta en Nuevo León. Una obra simple que lleva 4 meses de retraso provocando molestias a miles de automovilistas. Ufff, y ya dijeron: ¡faltan 3 meses más!

–Increíble, el Gobierno no puede echar a andar la planta chatarra de fertilizantes que compró a AHMSA en 2014. Han invertido 200 millones de dólares adicionalesy ¡y nada! En total, 473 millones de dólares tirados a la basura.

Regreso al Paso Exprés. Meneses lanza una advertencia final: “Lo peor es que para remediar están vaciando ollas de concreto para rellenar, pero sin meter el tubo. O sea, va a pasar lo mismo”, concluye.

Sería el colmo que ni ahogado el niño tapasen el pozo (literalmente). No creo: ahora sí arreglarán el tubo. Pero “ya ‘pa qué”: dos personas murieron. Nuestros políticos deberían adoptar las mismas normas con las que opera cualquier negocio:

a) Gana el que cotiza más bajo.

b) Queda a la primera.

c) Se entrega a tiempo y en presupuesto.

d) Si algo falla, hay consecuencias para el proveedor.

e) Si hay un oso, el responsable termina patitas en la calle.

Exactamente al contrario de lo que suele suceder en la grilla. Francamente, sería ridículo que Ruiz Esparza no perdiera su puesto. Este compadre de Peña ya lleva varias. Si el Presidente se enterca en mantenerlo, le agregará un clavito más al ataúd del PRI para 2018. ¡De por sí el partidazo ya huele a zombi!

¿Cuál es el secreto para hacer bien las cosas? No es física cuántica y la respuesta es igual para los negocios y la política: la ejecución.

Fíjese, tras las reformas estructurales en enero de 2014 escribí una columna titulada: ¿Podrá Peña Ejecutar? En ella enlisté cuatro grandes lecciones del libro Los 4 Principios de la Ejecución, de Chris McChesney, Sean Covey y Jim Hurling:

1. Enfoque. Resultados extraordinarios requieren claridad sobre lo que importa más. Ordenar, jerarquizar. Sin enfoque, la ejecución no funciona.

2. Apalancamiento. Potenciar recursos disponibles. Con tecnología, asociaciones, división de funciones, etc.

3. Compromiso. La autoridad no basta: el líder no puede sólo, el equipo sí.

4. Responsabilidad y rendición de cuentas. “Accountability”, en inglés. Mediciones precisas y frecuentes para ver avance y detectar/eliminar obstáculos. El paso más importante.

El paso del tiempo ha dado una respuesta clara a la columna de 2014: Peña y su equipo no ejecutan. Lo que sí saben hacer es echar rollos y crear una que otra ley. Pero hasta ahí. En resultados se quedan cortísimos.

Y como no, si la ejecución es trabajo duro y a muchos de nuestros grillos metrosexuales no les gusta ensuciarse la camisa. Conlleva sudor y lágrimas. Avanzar, medir, ajustar y seguirle. Ir de pequeña meta a pequeña meta... hasta que se llega al objetivo.

Apunte estos consejos, seguro le servirán. Ah, y mientras los grillos no los aprendan y practiquen, seguirán arreglando tubos una vez ahogado el niño. No se vale.

En pocas palabras: “No hay mejor armadura contra la lógica que la ignorancia”, Laurence J. Peter, autor norteamericano.
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