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Dalia Reyes
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14 Julio 2018 04:00:00
Así no
Hay intenciones samaritanas ambulatorias e insistentes en mantener un matrimonio ajeno sin separación de cuerpos –por usar el término legal- con argumentos válidos para la sociedad pero gastados para el individuo.

Algunos incluyen en la lista el gastado “qué dirán”. Más allá de esos prejuicios, se mantiene en el hit parade una recomendación para seguir juntos: El de un amor acumulado, alimentado por circunstancias complejas libradas en común.

He conocido personas cuyos matrimonios terminados llevaban diarios escritos con aventuras reales, en apariencia suficientes para salvar no solo el vínculo sino la vida misma y, sin embargo, acabaron por separarse. ¿Qué pasó? Pasa que el amor no es un sentimiento acumulable; en todo caso, lo que se alberga en una pila de razón es el agradecimiento.

Los jueces civiles suman gran cantidad de divorciados después de los 30 años de matrimonio. Solo esperan a que los hijos hagan su vida; entonces, cada quien toma su camino, porque sienten que ya no hay nada que los una; es decir, fue una relación funcional. Esto me lleva a pensar cuánto el amor es más una reacción química veleidosa y diferente en un organismo y en otro.

Hace unos días apareció una noticia referente a dos tortugas ancianísimas y obcecadas por seguir cada una su tortuguil vida de forma separada. Los cuidadores del zoológico insistieron en mantenerlas unidas, hasta procuraron la reproducción suministrándoles afrodisiacos… y nada, de plano se mordieron y dijeron adiós.

En seguida les transcribo un párrafo de la noticia:
El matrimonio más antiguo del mundo animal parece haber terminado. Las tortugas gigantes Bibi y Poldi se niegan a seguir compartiendo su jaula en un zoo austriaco. “Tenemos la impresión de que ya no soportan verse. No sabemos la razón por la cual han decidido separarse” (Periódico Austrian Times). La hembra fue quien dio el primer paso en la ruptura. Los cuidadores se dieron cuenta de que ya no podían convivir cuando Bibi atacó a su compañero mordiéndole parte del caparazón. Cuando los ataques continuaron, Poldi fue trasladado a otra jaula.

Los empleados seguirán preguntándose la razón sin obtener una respuesta.

Primero, porque, asumimos, la tortuga no hablará; segundo, porque sí. Ya se ha visto cómo de pronto una emoción se trastoca por la contraria y no necesita de una razón consciente para la escapada, ni siquiera puede acusarse a Bibi de tener una aventura.

¿Qué hacer? Vivamos el amor en toda su magnitud porque, sin decir agua va, puede transformarse en rechazo; demos cuantos besos sea posible antes de empezar a repartir mordidas.

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