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Sonia Villarreal
Sonia Villarreal
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Licenciada en Ciencias de la Información y Comunicación. Regidora en el Ayuntamiento de Piedras Negras. Secretaria General del Comité Municipal del PRI. Secretaria Técnica del Ayuntamiento. Directora General de Desarrollo Social en el Municipio. Directora del Registro Público de la Propiedad y del Comercio. Secretaria de la Secretaría de las Mujeres en el Gobierno del Estado de Coahuila de Zaragoza. Actualmente Diputada Local por el XVI Distrito Electoral, y Presidenta del Comité Municipal del PRI.

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14 Octubre 2017 04:00:00
Asís
Yo estoy convencida que nada es casualidad y las cosas pasan siempre por algo. Hace un par de semanas, tuve que ir a la ciudad de Saltillo a una reunión de trabajo, y estoy segura que si llegué a ese lugar, fue por algo.

Era tarde, el tráfico circulaba lento, y estaba muy cerrada la neblina. No había comido pero tenía más sueño que hambre. Iba a prender la radio, pero en eso, escuché la sirena de una ambulancia y me hice a un lado para que pasara. Justo ahí, donde me detuve para dar el paso, había una iglesia, y así sin pensarlo, me bajé del carro y entré.

Fue increíble como del bullicio que produce un congestionamiento vial, pasé a un silencio total, lleno de paz. Empecé a respirar profundo y caminar lento, me senté al lado de una mujer que, inclinada, y con las manos entrelazadas, oraba volteando hacia una imagen con una visible insistencia.

No sé qué pasó, pero en un instante, me vi de pie junto a la imagen. Era San Francisco de Asís y a su lado, había una placa dorada con marco de madera, con un hermoso poema que leí una y otra vez.

“El varón que tiene corazón de lis, alma de querube, lengua celestial, el mínimo y dulce Francisco de Asís, está con un rudo y torvo animal…”

El poema, narra la historia de un lobo maligno y depredador, que fue doblegado por la nobleza de un hombre: Francisco de Asís, quien lo llevó a vivir con él al convento y le enseñó a convivir con los humanos. Le daban de comer, obedecía instrucciones y estaba totalmente domesticado.

Pero un día, Francisco se ausenta y cuando regresa, se encuentra con que el lobo volvió a matar y se fue a su madriguera. Él va y lo busca para reclamarle, y enojado le exige una explicación. El lobo le dice que dejó la aldea porque se dio cuenta que los humanos eran peor que él, que en las personas había envidia, odio y mentira. 

El poema, termina diciendo: “El santo de Asís” no le dijo nada, le miró con una profunda mirada, y partió con lágrimas y con desconsuelos y habló al Dios eterno con su corazón y el viento del bosque… llevó su oración…”

Confieso que nunca antes presté atención a este poema, y que no recuerdo haber escuchado de San Francisco de Asís. Pero por algo pasan las cosas y me gustó tanto, que me puse a leer sobre su vida.

Dicen que Francisco vivió una juventud disipada en diversiones, que disponía de dinero en abundancia y lo gastaba pródigamente con ostentación y que, ni los negocios de su padre, ni los estudios le interesaban mucho, pero que tuvo la oportunidad de conocer a Dios y renunció a los bienes materiales para entregarse de lleno a Él, viviendo en la pobreza y predicando el amor de Dios.

El poema “Los motivos del lobo” de Rubén Darío me parece fascinante, es una metáfora religiosa que describe la debilidad metafísica que es el hombre, el bien no absoluto, y el mal que lleva a un mundo enmarañado e irresponsable, urgido de valores y de respeto. Creo que hay mucho por hacer, pero siempre hay que empezar por uno mismo, todos podemos poner un granito de arena para crear una cultura de convicciones que conduzca a un objetivo: la convivencia pacífica.… Y tú ¿Qué opinas?
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