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Antonio Navalón
Antonio Navalón
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Periodista, voyerista de la vida y vendedor de libros. www.antonionavalon.com

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20 Septiembre 2011 03:00:17
Ávila-Peña Nieto: miradas del poder
Como decía don Jesús Reyes Heroles: “En la política, la forma es fondo”. Nada más revelador y significativo que los ojos de un político al llegar o al irse del cargo.

El pasado 15 de septiembre, en Toluca, toda la clase política observó la mirada de dos hombres: Eruviel, quien llegaba, y Enrique, quien se iba. El primero fue poco a poco asentando la voz, pero sobre todo cambiando la mirada. El autocontrol llegó a sus ojos, tanto que sentenció: “asumo el pasado y pretendo mejorarlo…”. La mirada del segundo se agudizó.

Somos un estado progresista —dijo Eruviel en su toma de posesión. Soy el gobernador elegido con el mayor número de votos que se ha registrado en esta entidad. Por eso, gobernaré con los que me votaron, con quienes no lo hicieron y convenceré de participar a quienes se abstuvieron de votar, a los que en definitiva están, como tú o yo, hasta la madre de los políticos.

En los ojos de Peña se veía la ascensión al mismo cielo. Debe estar contento, el aplauso que recibió es de alguien que tiene mucho poder, y aunque ante el poder lo usual es ser obsequioso y complaciente, se veía y se sentía en el ambiente el efecto de que haber cumplido con los compromisos empeñados trae su recompensa. Tener tantos seguidores pareciera acercarlo a su futuro inmediato. Eruviel Ávila veía esa gloria ajena, esa despedida apoteósica. Por segundos ambos cruzaron la mirada.

Mientras el acto transcurría, Eruviel fue renovando su fe en sí mismo, transformándose en El Gobernador. Miraba más seguro y parecía convencerse, palabra a palabra, coma a coma, de que lo que está por venir será mejor. Poco a poco fue mirando menos a su antecesor.

Del que se iba he de reconocer, y así lo he dicho sin rubor, que así como en un momento me negué a hablar de él porque me parecía que no aportaría nada al debate nacional, hoy creo justo reconocer que los últimos 90 días del gobierno de Peña han sido modélicos.

En un país donde nadie cumple y nadie se siente obligado por su palabra, Peña se dedicó a rendir cuentas y a entregar lo prometido. Justo y necesario reconocerlo.

Por último, después de una campaña en la que claramente el candidato sucesor se convirtió en momentos en su mayor enemigo político —en el sentido de que las campañas sirven para prometer, corregir todo mientras que no tienes obra, pero una vez que tienes obra la mejor campaña es la obra hecha—, ninguno podíamos creernos que Peña fuera capaz de hacer una elección en la que en principio no pareciera que el Gobernador tenía su candidato; dos, estar callado; tres, no confundir, y cuatro, no pretender hacer copy cat de su propia carrera política.

En política uno es esclavo de lo que dice y dueño de lo que calla. Los últimos 90 días del silencio de Peña le hacen dueño de podernos sorprender. Ahora su campaña seguirá con las propuestas de futuro. Lo ya hecho le permitirá de aquí a enero visitar todo el país para demostrar que no sólo es un político que cumple lo que dice y que sabe callar cuando debe, sino que a la hora de competir en la gran carrera tiene ideas para mantenerse sin excluir o satanizar a nadie por lo que las encuestas dicen.

Como en la película argentina “El secreto de sus ojos”, las miradas hablaron.
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